EL PLAN ECONOMICO Y SOCIAL PARA EL AÑO 2000

La situación que ha enfrentado la economía en 1999 y las perspectivas del próximo año, donde previsiblemente se mantendrán las limitaciones financieras externas, aconsejan continuar incrementando la eficiencia en el uso de los recursos disponibles, y asegurar al máximo posible la satisfacción de las necesidades básicas de alimentos y combustibles. Al propio tiempo, se deberán crear las condiciones mínimas para lograr los recursos financieros indispensables que se demandan.

Tomando en cuenta lo anterior, y considerando la necesidad de actuar con la mayor responsabilidad al proyectar los niveles de actividad del año 2000, se ha previsto un crecimiento del Producto Interno Bruto de entre el 4,0 y el 4,5%, cifras que resultan inferiores al potencial del país, pero congruentes con la situación financiera descrita.

En términos de eficiencia económica, la productividad del trabajo deberá crecer un 3,5%; la intensidad energética se espera descienda un 1,4%; la efectividad de las inversiones deberá aumentar un 4,6%; y el índice de gastos en divisas por dólar de ingreso bruto generado, se planifica disminuya en alrededor del 7,0%.

Los niveles de inversión se proyectan que crezcan aproximadamente un 9,0%, concentrándose en el turismo, el sector energético, el sector agropecuario y las producciones y servicios con destino al mercado interno en divisas.

La construcción de viviendas por parte del Estado y el sector cooperativo debe alcanzar unas 35000, a las que se añaden alrededor de 15000 realizadas por la población, para un total de 50000. Adicionalmente se programan un crecimiento de un 21,2% en las reparaciones de viviendas con el apoyo del Estado.

El crecimiento industrial previsto se sitúa en el 4,5%. La industria azucarera debe crecer un 7,0%, y alcanzar una zafra de 4,0 millones de toneladas de azúcar, en tanto que la industria no azucarera se espera crezca un 4,4%.

Entre las producciones industriales más significativas se planifica crecer hasta 2,6 millones de TM de petróleo crudo; 600 mil TM de gas natural y elevar en más de 2,6 veces la capacidad de refinación de petróleo. Igualmente, se aspira llegar a un 70% de generación de energía eléctrica sobre la base de la producción nacional de portadores energéticos a finales del próximo año.

Asimismo, se proyectan importantes crecimientos en las producciones de acero, pintura, neumáticos, cemento, cocinas, ventiladores, televisores, ropa exterior y calzado.

El sector agropecuario deberá crecer un 7,8%. De ello un 7,7% la agricultura cañera y un 8,0% la no cañera. Se planifican importantes crecimientos de un 28,8% en viandas; 58,3% en arroz y 27,1% en tabaco. Igualmente crecerá la producción de frijoles, carne de cerdo y huevos.

Por su parte, las construcciones aumentarán un 6,0%.

En el ámbito del comercio exterior, el valor de las exportaciones de bienes deberá aumentar un 22,3%, en buena medida asociado a la recuperación prevista en los precios del níquel. Las importaciones deben aumentar sólo un 5,1%. Estos crecimientos están en dependencia de que se cumplan los pronósticos de precios del mercado mundial. Al propio tiempo, debe acelerarse el proceso de sustitución de importaciones con producciones nacionales.

El turismo continuará desempeñando un papel determinante en la economía y se propone crezca alrededor de un 20,0% en el número de visitantes, y un 15,0% en términos de ingresos brutos totales, con una significativa reducción en la relación entre gastos e ingresos brutos en divisas.

El próximo año continuará incrementándose el salario medio, producto de medidas que aseguren el crecimiento de la eficiencia económica y la retribución vinculada a los resultados de la producción y los servicios.

La liquidez monetaria en manos de la población se prevé mantenerla aproximadamente a los mismos niveles del presente año, o que crezca discretamente a cifras asimilables por el desarrollo que alcance la economía. Por su parte, el déficit fiscal se mantendrá en niveles en torno al 3% del Producto Interno Bruto.

En este contexto, deberán adoptarse medidas adicionales que propendan al fortalecimiento del poder de compra de la moneda nacional.

Para el año 2000 se considera el cumplimiento del consumo normado de la población con discretas mejorías en lo relativo al combustible doméstico, vinculadas al programa de refinación de crudo planificado.

Con relación al consumo de alimentos, se reitera la política de que los incrementos por encima de la cuota normada deberán provenir –como regla- del aumento de las producciones locales, sobre la base del autoabastecimiento territorial.

La circulación mercantil minorista contempla también incrementos en las ofertas estatales a precios diferenciados.

Finalmente, se garantiza el financiamiento indispensable para mantener y mejorar en la medida de lo posible los servicios que se brindan en el ámbito de la educación y la salud pública.