XIII. RESUMEN ANALÍTICO 

 

Síntesis

Comentarios Analíticos

 

El análisis de la voluminosa información surgida como resultado de un censo, es un proceso que requiere de tiempo y de grupos multidisciplinarios de trabajo, capaces de analizar e introducir en la práctica social el diagnóstico y conclusiones de las informaciones obtenidas. Ello escapa a la preparación y divulgación de un Informe Nacional donde se presentan aquellas informaciones de uso más general, acompañadas en este caso de comentarios analíticos, que solo tienen el objetivo de destacar algunas aristas seleccionadas de los resultados censales.

Por esta razón en las siguientes páginas se dedica un espacio a estos comentarios, sin recorrer la totalidad de los indicadores contemplados en el Informe, con el propósito de significar sus resultados relevantes.

 

SÍNTESIS

 1.      El Censo de Población y Viviendas del 2002 registró en Cuba 3 534 327 unidades de alojamiento, y 11 177 743 personas con residencia permanente, para un promedio de 3,16 personas por unidad de alojamiento. Con relación al Censo de 1981 la población se incrementó en 1 454 138 y las unidades de alojamiento en 1 165 874.

 

2.      En las viviendas particulares, aparte de un incremento en sus totales, también se constató un cambio favorable en su estructura por tipo, al aumentar hasta más de un 92 % aquellas clasificadas como casas y apartamentos. Se constató además un alto porcentaje de viviendas electrificadas (95,5%) y de aquellas construidas desde el año 1990 a la fecha del Censo (21,6 % del total), valor sólo superado por las construidas en el período 1982 a 1989, cuando el ritmo de construcción de viviendas fue muy elevado en el país.

 

3.      Respecto a la estructura de la población por sexo, edades, zona urbana y rural de residencia, con relación al Censo de 1981 se registró un equilibrio entre sexos (1 003 hombres por mil mujeres), una disminución de la población de 0-14 años y un aumento de la de 15-59 años y 60 y más. En otras palabras, la población envejeció, alcanzando un 14,7 % de 60 años y más respecto al total. Por su parte, se registró un aumento de la proporción de población residente en zonas urbanas (75,9 % del total) y en consecuencia, una disminución de la que residía en zonas rurales. Con estos parámetros el país ratificó su tendencia a una madurez demográfica, similar al conjunto de países más desarrollados del mundo.

 

4.      En otros indicadores sociodemográficos como el color de la piel y el estado conyugal, las tendencias obtenidas en el Censo del 2002, reflejan una disminución de la población declarada como blanca y negra y un aumento de la mestiza. En Cuba, en 1981, el 66,1 % de la población fue declarada como blanca, un 12,0% como negra y un 21,9% como mestiza. En el 2002, estos porcientos fueron respectivamente de 65,0; 10,1 y 24,9.

 

En el estado conyugal para la población de 15 años y más, se registraron aumentos en la proporción de unidos, divorciados y viudos, y disminuciones en casados, separados y solteros. Por ejemplo, en el 2002 el 35,1 % de las personas eran casadas; en 1981 fue el 37,8 %; entre las unidas, por el contrario, los porcientos respectivos fueron de 25,5 en el 2002 frente al 20,4 en 1981.

 

5.      Tres provincias se ratifican con un millón o más de habitantes, Ciudad de La Habana (2 201 610), Santiago de Cuba (1 036 281) y Holguín (1 021 321). Entre las tres agrupan aproximadamente 4,3 millones de personas, el 38,1 % del total de la población del país.

 

6.      Resulta significativo el avance que se observó en el nivel educacional de la población de Cuba. El grado promedio de la población de 6 años y más se elevó a 8,8 años de estudios, lo que representa 2,4 años más que en el Censo de 1981. En el caso de la población de 10 años y más fue de 9,2 y de 9,5 en la de 15 años y más. El número de personas con la enseñanza media terminada superó los 5,73 millones y los graduados universitarios las 712 mil personas. El conjunto de estos indicadores superaron ampliamente los registrados en el Censo de 1981.

 

7.      En la actividad económica más de 4,4 millones de personas de 15 años y más, integraban la denominada Población Económicamente Activa, casi un 50 % del total de esas edades, con una baja tasa de desocupación del 3,0 %, inferior a la del Censo de 1981, que fue de 3,4%.

 

8.      Como valoración general es posible afirmar que las informaciones obtenidas en el Censo del 2002, presentan una buena coherencia con el Censo de 1981 y con otras fuentes estadísticas, y también que reflejan los comportamientos esperados por diferentes atributos, desgloses territoriales, características sociales y otras. Adicionalmente como se ha comentado, en la explotación de las encuestas de cobertura y calidad (recenso), se constataron bajos errores netos en cobertura de viviendas y personas y altos índices de consistencia global (ICG) en calidad, así como en el cálculo de índices de exactitud en la declaración de edades, lo cual hace confiable la utilización de las informaciones presentadas.

 

COMENTARIOS ANALÍTICOS

 

Unidades de alojamiento

 

El momento de referencia de la información censal fue las 12:00 de la noche del día 6 de septiembre del año 2002. En ese momento censal, la población con residencia permanente en el país fue de 11 177 743 habitantes, que residían en 3 534 327 unidades de alojamiento, para un promedio de 3,16 personas por unidad de alojamiento.

 

Esas unidades de alojamiento, en su casi totalidad estuvieron compuestas por las denominadas viviendas particulares, concepto este utilizado internacionalmente y que sirve para definir a un recinto construido específicamente para servir de vivienda y que en el caso de este Censo, fue de 3 527 994, el 99,8 % del total de unidades de alojamiento registradas, valor ligeramente superior al obtenido en el Censo de 1981. El resto de las unidades de alojamiento fueron las denominadas colectividades y locales de trabajo. Las colectividades, como su nombre lo indica, eran aquellas unidades de alojamiento donde residían personas de forma permanente por diferentes razones; entre ellas se encontraban: hogares de ancianos, hospitales con enfermos crónicos (psiquiátricos, leprosorios, etc.), hogares de niños sin amparo filial y otros.

 

Por su parte en los locales de trabajo, que se definieron como aquellos lugares de alojamiento no creados para viviendas particulares, pero donde residían personas de forma permanente, su número ascendió a

5 674; unos 2 013 más que en 1981.

En conjunto las unidades de alojamiento agrupadas en estas dos últimas clasificaciones representaba el 0,18 % del total del país, contra el 0,22% en 1981. Interesante resulta también señalar que el total de población residente en estas unidades de alojamiento ascendió a 0,5 % del total, muy similar a 1981, cuando fue de 0,4%.

 

En el caso de las viviendas particulares, de todo tipo y situación de ocupación el 92,3% fueron casas y apartamentos. Las 3 257 004 viviendas particulares con estas características, independientemente de su situación de ocupación, superaron en 1 381 848 a las existentes en 1981, cuando ambas representaban el 81,9 %.

 

En cuanto a la ocupación de las viviendas particulares, en todos los territorios el 96 % o más estaban ocupadas por residentes permanentes, con un mínimo restante, en viviendas ocupadas por otro tipo de residentes y aquellas que estaban cerradas o desocupadas. Estas dos últimas categorías presentaron una disminución en el caso de las desocupadas con relación al Censo de 1981, y un aumento en el caso de las cerradas. En su conjunto agrupaban el 1,8 % del total de viviendas particulares del país en el 2002, mientras que en 1981, fue de 2,4 %.

 

En el caso de las viviendas ocupadas por residentes permanentes y cuyo tipo fueron casas y apartamentos, se indagó en el Censo por el período de su construcción. Resulta importante precisar que más del 75 % en que se declaró el período de construcción, se edificaron después de 1959, y un 21,6% después de 1990. Solo entre 1982 y 1989, el país había construido más viviendas que entre los años 1990 y 2002.

 

Otro dato significativo e importante en la calidad de vida de la población resulta el de las viviendas electrificadas. El haberse declarado el 95,5 % de las viviendas electrificadas a nivel nacional, significó más de 3,3 millones de viviendas particulares con electricidad, un 12,6 % superior que en ocasión del levantamiento del Censo de 1981.

 

Otro resultado esperado fue que al aumentar la presencia de acueductos, disminuyó a nivel nacional con relación al Censo de 1981 el peso relativo de viviendas con fuente de suministro como pozo o aljibe en un 2,68 %; río o manantial un 1,43 % y el 0,62 % con otra fuente.

 

 Por último, en los indicadores referidos a las unidades de alojamiento, se encuentra la información del número de hogares. Este concepto, de suma importancia para los análisis de la información censal y los estudios de familias, se refiere a la convivencia de forma habitual de los integrantes de la vivienda con o sin vínculo de parentesco, pero que comparten un presupuesto, cocinan para el conjunto y ocupan una vivienda o parte de ella.

 

En la práctica en la mayoría de las unidades de alojamiento aparecía un solo hogar. A nivel nacional, el Censo reflejó 3 532 713 hogares, en el total de unidades de alojamiento, para una relación de 99,96 % entre hogares y unidades de alojamiento censados; el promedio de personas por hogar fue de 3,16, idéntico al de personas por unidades de alojamiento comentado al principio de este análisis.

 

El registro de este indicador fue similar al del Censo de 1981, cuando se registró una relación de 99,49 % y en ambos casos estaba vinculado con la cantidad de viviendas particulares en el país de entre el total de unidades de alojamiento y la casi idéntica relación de hogares por vivienda particular, uno por una.

 

Si se excluyen las colectividades, locales de trabajo y las viviendas desocupadas, las ocupadas por residentes temporales, por temporadas y otras, se tendría que en las 3 458 426 viviendas particulares ocupadas por residentes permanentes vivían 11 117 878 personas, agrupadas en distintos tipos de hogares (3 524 442), donde primaban los de tipo nuclear, con igual número de familias nucleares, en total poco más de 1,9 millones; los extendidos, dentro de los cuales había aproximadamente 1,3 millones de familias nucleares y por último las de tipo compuesto en los que residían 142 341 familias nucleares. Si se sumaran los hogares/familias nucleares y las familias nucleares dentro de los hogares extendidos y compuestos, el total de familias nucleares ascendería a 3 339 104; esta cifra resulta de interés para diferentes investigaciones y estudios, por ejemplo la demanda de vivienda según el tipo de familia.

 

Población

A la pregunta de ¿Cuántos somos? realizada en el sistema de divulgación a la población previo al levantamiento censal, la respuesta concreta es la siguiente: en Cuba fueron enumeradas 11 177 743 personas en el momento censal. Esta cifra fue superior en 1 454 138 habitantes a la obtenida en septiembre de 1981, con el levantamiento del Censo de ese año, y menor en 65 615 habitantes a la obtenida por cálculo el 31 de diciembre de 2001 en el Sistema de Información Estadístico Nacional (SIEN) de Demografía, a cargo de la Oficina Nacional de Estadísticas.

 

En ambas comparaciones los resultados fueron coherentes con lo esperado. Un aumento de poco más de 1,4 millones de habitantes en 21 años (1981-2002), se relaciona con la dinámica del movimiento demográfico del país, es decir, el balance de los nacimientos, defunciones y migraciones ocurridos en ese período y del cual en el caso de los dos primeros componentes y de las migraciones externas e internas, se dispone de estadísticas confiables. Solo las migraciones externas ilegales, no documentadas o con calificativo similar, no se incluyeron en ese balance, precisamente por su carácter de ilegalidad que la convierte en un hecho imposible de registrar de manera directa.

 

La valoración con las cifras del SIEN, a pesar de esa limitación, resultan muy similares después de 21 años sin ajustarse con un Censo. La cifra señalada representó una diferencia de 0,6 % en ese período (1981-2002), el que si se ponderara entre los 21 años transcurridos, significaría un sesgo anual de 0,03 % en el cálculo de población del país. Entre los Censos de 1970 y 1981 la diferencia con el SIEN fue de 0,5 %.

 

El 99,5 % de la población residía en forma permanente en viviendas particulares, coherente con el Censo de 1981, cuando fue de 99,6% y similar en la totalidad de las provincias en ambos operativos.

 

Por sexo, la tendencia fue a una disminución del Índice de Masculinidad (hombres por 1 000 mujeres) en todos los territorios, y a un equilibrio por sexos de la población a nivel nacional.

En el caso de las provincias de Ciudad de La Habana y Santiago de Cuba, las más pobladas del país, la proporción de mujeres fue mayor que la de hombres, con Índices de Masculinidad de 920 y 999 respectivamente, en donde la influencia de las dos grandes ciudades de igual nombre fue decisiva. Una menor mortalidad en las mujeres, y una migración mayoritariamente femenina hacia las ciudades, producen este comportamiento que además es común en las grandes ciudades de otros países. Por el contrario, provincias como Pinar del Río, Ciego de Ávila y Las Tunas fueron las de mayor Índice de Masculinidad con valores de 1 043; 1 042 y 1 040 respectivamente.

 

Otro importante indicador sobre el comportamiento de la población captado en el Censo fue el grado de urbanización, cuyo significado es la proporción de población que reside en asentamientos humanos urbanos comparada con el total de la población. En Cuba en el 2002, ese porcentaje fue del 75,9 % y aumentó desde 1981 en 6,8 puntos. Ciudad de La Habana con el total de su población residiendo en zonas urbanas y Matanzas, Cienfuegos y la Isla de la Juventud, con más del 80 %, fueron las más urbanizadas. Por el contrario Granma, con aproximadamente el 59,0 % de urbanización, fue la menor en este indicador en el país.

 

Un indicador relevante es el porcentaje de jefes de hogares por sexo, muy superior a lo registrado en el Censo de 1981. En el 2002 el 40,64 % de los jefes de hogares eran mujeres, en 1981 fue el 28,2%.

 

Por edades, las tendencias recogidas en el Censo del 2002 fue a una disminución de las poblaciones de niños (0-14 años) y aumento de los adultos jóvenes y mayores. En otras palabras, el país y sus territorios se van envejeciendo paulatinamente. Este proceso, ya diagnosticado y evidenciado por el sistema estadístico, reafirma a Villa Clara, Ciudad de La Habana y Sancti Spíritus como las provincias más envejecidas, con el 17,8%; 17,0% y 16,2 % de su población con 60 años y más respectivamente.

 

Por el contrario, la Isla de la Juventud, como su nombre lo indica, se mantiene como el territorio de menor proporción de personas envejecidas con solo el 9,1 % de su población de 60 años y más.

 

El promedio de edad del país fue de 35,1 años en el 2002, en Villa Clara 37,0 años y en la Isla de la Juventud 32,4 años, como valores máximos y mínimos. En 1981 estos valores eran respectivamente, 29,5; 31,4 y 25,2.

 

Un dato novedoso en la población por edades resulta el de los que declararon 100 años y más, los centenarios, cuyo número total llegó a ser de 1 826, el 0,016 % de la población.

 

Por color de la piel, la población ratificó su tendencia a aumentar la clasificada como mulata o mestiza y disminuir en la blanca y negra, todo ello constatado en la comparación entre ambos Censos. Estas tendencias fueron similares por provincias.

 

En el 2002 los blancos constituían el 65,0%; los negros el 10,1% y los mestizos el 24,9%. En el Censo de 1981, estos porcientos fueron respectivamente de 66,1; 12,0 y 21,9.

 

Entre las informaciones captadas en el Censo se encontraba aquella referida a las migraciones internas. Como datos a destacar en estas informaciones se encuentra la pregunta de lugar de nacimiento, que permitió ubicar el lugar de residencia de las personas y su coincidencia o no con el lugar de nacimiento. Interesante en este entorno resultaron los datos de algunas provincias, por ejemplo Ciudad de La Habana, donde alrededor del 32 % de su población residente con carácter permanente no nació en ella. En la Isla de la Juventud este porcentaje se elevó al 51,6 %, es decir, en este territorio residen más personas nacidas en otras provincias que en la propia Isla de la Juventud. Los grandes planes de desarrollo agropecuarios llevados a cabo en las décadas del 70 y 80 del siglo pasado y la consecuente migración por tal motivo explican este comportamiento.

 

El nivel educacional de la población registró una evolución muy satisfactoria respecto a los resultados del Censo de 1981; por ejemplo el grado promedio de la población de 6 años y más, pasó de 6,4 en 1981 a 8,8 en el 2002, aumento este que a partir de sus valores específicos se registra igualmente en todas las provincias.

 

En el 2002, si el cálculo se precisa y se hace con la población de 15 años y más –la que por edad tiene posibilidades de alcanzar el noveno grado– entonces el grado promedio alcanzó 9,5, en 1981, este cálculo no se realizó. Relacionado con este alto valor, estuvo la cantidad de habitantes con nivel medio y superior terminado. En el 2002, 5,73 millones de habitantes, aproximadamente el 60 % de la población de 11 años y más –edad mínima para tener un nivel educacional terminado–, había concluido la educación media y 712 672 habitantes el nivel superior. En su conjunto, 6 445 948 habitantes, el 67,2 % de la población de 11 años y más tenían nivel medio y superior terminado. En 1981 eran el 27,6 %; en 21 años la población con nivel medio y superior terminados más que se duplicó y esta última se cuadruplicó, al pasar de 1,8 % al 7,4% de la población de 11 años y más.

 

Este impresionante avance educacional se reflejó en la población ocupada y en su elevación del nivel educacional al ser su grado promedio de 10,9 años, lo que constituye un reflejo del capital humano con que cuenta el país.

Otro dato de importancia social relacionado con la población, es el estado conyugal de la población, información sólo captada en censos y encuestas, y que en este caso, al trabajarse con el universo de la población de 15 años y más, registró una buena calidad.

 

Lo más importante de lo obtenido es que se ratifica la tendencia a un crecimiento en la proporción de población unida, que inclusive en algunas provincias supera a las personas casadas. Ratificación de ello, es cuando se compara nacionalmente con el Censo de 1981 y se observa que en aquella ocasión el 37,8 % de la población era casada y en el 2002 alcanzó el 35,1%; mientras las unidas en este último Censo fueron el 25,5% y en 1981, era el 20,4%.

 

Por su parte las personas divorciadas también aumentaron de 5,1% a 7,0%, al igual que las viudas, que pasaron de 4,5% a 5,1% del total de personas con 15 años y más, tendencia esta coherente con el envejecimiento de la población. En números absolutos la cantidad de personas viudas pasó de 314 100 en 1981 a 455 291 en el 2002, unas 141 191 más. En consecuencia con lo anterior, los tamaños relativos de personas separadas y solteras disminuyeron ligeramente de un censo a otro.

 

Las características económicas de la población, valoradas a partir de la ocupación, desocupación y la denominada Población No Económicamente Activa (estudiantes, jubilados, etc.), demuestran lo que en el país se ha logrado en estos aspectos. La Población Económicamente Activa, que incluyó a los ocupados más los desocupados, ascendió en el Censo casi el 50 % de la población de 15 años y más (49,8). De las 4 424 650 personas que integraban la PEA, 4 291 766 son ocupadas y 132 884 desocupadas, para una tasa de desocupación de 3,0 %, valor menor que el reportado en 1981 cuando  fue de 3,4%. En números absolutos, el total de personas ocupadas fue mayor en aproximadamente 800 mil que en ocasión del Censo de 1981.