Seremos siempre tripulantes del Granma

TENIENTE CORONEL JORGE MARTÍN BLANDINO

Las razones para intentar una entrevista periodística son diversas. Puede irse, por ejemplo, tras el poseedor de amplios conocimientos sobre un asunto, el protagonista de hechos trascendentes o el testigo de acontecimientos importantes; o intentar transmitir al público las valoraciones de un dirigente con dominio de la situación y capacidad de prever el futuro.

"Bajo su magisterio fuimos aprendiendo el oficio militar impuesto por las circunstancias" (foto tomada por Frank País durante su visita a la Sierra Maestra, el 17 de febrero de 1957).

Pero cuando todas las características anteriores se reúnen en una misma persona, y además los temas a abordar coinciden exactamente con el perfil editorial de la publicación, el interés pasa a convertirse en gran aspiración y al que le toca en suerte tal estímulo se considera plenamente realizado.

Así nos sentimos todos en Verde Olivo luego de sostener esta profunda y a la vez amena conversación con el General de Ejército Raúl Castro Ruz, el hombre que ha estado al frente del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias desde su fundación en octubre de 1959, sin que la carga abrumadora de responsabilidades haya mermado su jovialidad o hecho mella en su temperamento apasionado, ni los honores le hayan hecho perder un ápice de modestia.

Previendo que esa modestia reduzca a la nada esta breve introducción, acudimos al Comandante en Jefe para evaluar en su justa medida el papel de nuestro entrevistado en la construcción militar cubana:

"Nuestras fuerzas armadas: en lo que han sido, lo que son y lo que serán, ha tenido una influencia decisiva Raúl; con su constancia, su carácter, su tenacidad, su disciplina y su ejemplo, ha logrado este milagro de organización que tenemos y que conozco muy bien".

Con placer brindamos a nuestros lectores esta clase magistral acerca de los principios y raíces que sustentan la defensa de la tierra cubana.

Periodista.—Compañero Ministro, usted ha sido protagonista de los principales hechos de la historia cubana durante casi medio siglo, y ha estado además en el vórtice mismo de cada acontecimiento decisivo de esa prolongada etapa. Desde tan privilegiada perspectiva y transcurridos 45 años ¿cómo valora la trascendencia del desembarco de los expedicionarios del Granma?

Has hablado de protagonismo... En realidad, hay dos grandes protagonistas en este medio siglo transcurrido.

Uno, que reúne a millones de voluntades, nuestro heroico pueblo, que en el prolongado período que señalas ha estado a la altura de su propia historia, de los treinta años de épica contienda mambisa.

El otro es Fidel, el líder que ha dirigido a ese singular, diverso y único conglomerado humano que integran los hombres y mujeres de esta Isla.

Nosotros, sus compañeros de armas más cercanos, hemos sido capaces de interpretar su pensamiento, confiar en él hasta en los momentos más difíciles y de seguirlo en el combate hasta las últimas consecuencias.

Bajo su magisterio, fuimos aprendiendo el oficio militar impuesto por las circunstancias... se desarrollaron brillantes jefes capaces de abrir y mandar nuevos frentes guerrilleros y columnas invasoras... Camilo, Che, que cayeron... Camilo en el primer año de la Revolución victoriosa, casi una década después, Che.

Felizmente, ni los inmensos peligros que ha debido sortear a lo largo de medio siglo, ni los planes terroristas para eliminarlo físicamente, puestos en práctica por la CIA y por la Fundación Cubano Americana, hechura de la Agencia, han sido suficientes para privar a Cuba de su certero conductor.

Fidel es como el Martí de hoy, el Maceo de hoy, el Mella de hoy. No me refiero a las personalidades que siempre son únicas e irrepetibles, por lo que carecen de sentido las comparaciones; hablo del papel que le ha tocado desempeñar en los últimos 50 años. Ha sabido aprender de nuestra historia y actuar con similar talento político y capacidad organizativa que el artífice del Partido Revolucionario Cubano y la Guerra Necesaria; rescatar para estos tiempos, también difíciles, peligrosos y complejos, la intransigencia de Baraguá y el genio militar del Titán de Bronce; trasladar a las actuales circunstancias las ideas avanzadas y el dinamismo del fundador de la FEU y del primer partido marxista-leninista.

Refiriéndome a la primera parte de tu pregunta, en breve: los dos grandes protagonistas de la Revolución son el pueblo y Fidel.

Sobre el desembarco del Granma, ¿qué trascendencia tiene?

Pues cumplíamos la promesa pública hecha desde México por Fidel: "En 1956, seremos libres o seremos mártires".

Reanudábamos el combate inconcluso en el Moncada, donde habían caído tantos hermanos nuestros...

Éramos la expedición armada con que habían soñado Mella y Guiteras para liberar a Cuba...

Pero aun más lejos, lo he dicho alguna vez: seguíamos las huellas de Antonio Maceo, Flor, José y otros veinte combatientes que embistieron con la proa de la goleta Honor la playa de Duaba, con solo once fusiles, el primer día de abril de 1895. De Martí, Gómez y "una mano de valientes" que desembarcaron en Playitas, once días después, en un pequeño bote sin nombre, que muy bien podría llamarse también Honor.

Era la misma lucha que aquella del 95 y también que la anterior, iniciada por Carlos Manuel de Céspedes en el 68.

Reiniciábamos, una vez más, la pelea por la plena independencia. El Ejército Rebelde era el digno heredero del Ejército Mambí que fue disuelto por los yankis interventores en 1899 y sustituido por aquella Guardia Rural de triste recordación.

Se escogió el 2 de Diciembre como día del natalicio del Ejército Rebelde y de sus herederas, las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

Desde luego, podría ser el 30 de Noviembre, en que los combatientes del "26 de Julio", vistiendo por vez primera el uniforme verde olivo, se alzaron en Santiago de Cuba, heroica acción concebida como una operación de apoyo al desembarco, que habría de producirse simultáneamente. Pero el Granma, sobrecargado, navegó con menos velocidad que la calculada.

El 2 de diciembre, los 82 expedicionarios del Granma bajo el mando del Jefe de la Revolución, pisamos el suelo de la Patria, desafiando el poderío del enemigo que hizo fuego aéreo y naval contra nosotros apenas amaneció y, a partir de ese día, la lucha sería ininterrumpida hasta la victoria del Primero de Enero de 1959.

Aquí está la respuesta precisa a tu pregunta. El desembarco del Granma marcó el reinicio de la lucha por conquistar la plena independencia, en la etapa final de esta lucha.

A veces pensamos, con dolor, en los próceres, que no vieron coronado con el triunfo su abnegado bregar por la libertad de Cuba.

Los más destacados cayeron en combate.

El General Calixto García sufrió la afrenta de que el Ejército de Estados Unidos no lo dejara entrar en Santiago de Cuba y moriría dejando su Patria ocupada por ese mismo ejército.

El gran dominicano, el General en Jefe del Ejército Libertador, Máximo Gómez, expiraría con la angustia de que la nación por cuya liberación había peleado tanto, yacía oprimida por el imperio del norte y su Enmienda Platt; era una mera caricatura de república, una neocolonia yanki con un cubano anexionista como presidente.

Durante esos 60 años de dominación imperialista, muchos patriotas caerían defendiendo sus ideas de justicia social y por culminar la obra inconclusa de la independencia nacional: Mella, Guiteras, Jesús Menéndez... Los verdugos que los asesinaron y el ejército que los formó fueron barridos por la tempestad revolucionaria el Primero de Enero de 1959.

También valiosos compañeros de la Generación del Centenario cayeron antes de ver la Patria liberada: Abel, Ñico, Juan Manuel, José Antonio, Frank...

Nosotros hemos tenido la suerte de ver a nuestra nación independiente y a nuestro pueblo soberano, dueño absoluto de un destino que construye con sus propias manos.

Esta vez, los mambises sí entraron en Santiago de Cuba.

Desde luego, el triunfo del Primero de Enero cerraba una etapa histórica y abría otra. El pueblo en armas había conquistado el poder político por primera vez en su historia.

Frente a él se alzaban poderosos intereses, la oligarquía burgués-terrateniente —como la denominábamos entonces— que haría la mayor resistencia posible a los profundos cambios revolucionarios.

Y sobre todo, estaba Estados Unidos, que tras esos 60 años de creciente dominación de Cuba, se veía de pronto que había perdido su más clásica posesión neocolonial, a noventa millas de su frontera sur.

Pero este es otro tema.

Foto: RAÚL ABRÉUPeriodista.—En el 59 comenzó una nueva etapa de lucha...

Sí, y mucho más compleja. El propio compañero Fidel lo advirtió con absoluta claridad en su primer discurso en la capital, el 8 de enero de 1959.

Los llamados "cubanólogos" han teorizado acerca de las causas de la agresividad de Estados Unidos. Hablan del rumbo socialista, de las relaciones con la URSS, del apoyo a los movimientos revolucionarios, de las misiones internacionalistas...

Los hechos demuestran la falsedad de tales apreciaciones. Bastaron las medidas revolucionarias de los primeros meses, en nada vinculadas al socialismo ni al internacionalismo, en particular la Ley de Reforma Agraria, para que se desatara toda la furia del imperio. Por eso he calificado a esa Ley como el "cruce del Rubicón cubano", en analogía con el paso trascendental dado por Julio César en la antigua Roma, quien sabía que vadear con sus tropas aquel pequeño río constituía un acto decisivo y arriesgado.

Nosotros también éramos conscientes del carácter decisivo de aquella medida y de los riesgos que implicaba, pero estábamos convencidos de que debíamos afrontarlos si realmente íbamos a cumplir el compromiso contraído con el pueblo.

Desde los primeros meses de la Revolución se iniciaron las acciones de sabotaje y terrorismo; las infiltraciones de armas y agentes; el fomento de bandas contrarrevolucionarias... comenzaron a entrenar las tropas mercenarias que después nos invadirían en Playa Girón. No olvidar que todas estas acciones se llevaron a cabo antes de la proclamación del carácter socialista de la Revolución, el 16 de abril de 1961.

Pero había un peligro aún mayor: la agresión directa por parte de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos.

Son realidades que nos han obligado a invertir muchas energías y recursos en desarrollar un sistema defensivo capaz de disuadir al enemigo de tales propósitos y como parte de este, unas fuerzas armadas en condiciones de servir de escudo al despliegue del gran ejército integrado por todo el pueblo.

A los veteranos guerrilleros se unieron decenas de miles de milicianos... obreros, campesinos y estudiantes, igual que ahora, que junto a los combatientes del Ministerio del Interior enfrentaron todas las agresiones del enemigo, incluso el mortal peligro de un ataque nuclear durante la Crisis de Octubre.

Una página imborrable de esa historia son las misiones internacionalistas. Más de 400 mil cubanos, hombres y mujeres, de ellos 300 mil combatientes, brindaron su ayuda de forma absolutamente voluntaria... Los compañeros que cayeron tendrán siempre un sitio de honor entre los héroes de la Patria.

Como tú conoces, los combatientes de las FAR han hecho también un importante aporte al desarrollo económico y social del país, tanto los integrantes del Ejército Juvenil del Trabajo como los pertenecientes a las unidades de las distintas armas o los que se preparan en las instituciones docentes, y a la vez se han desarrollado en los aspectos educativo, político e ideológico, cuyo ejemplo más reciente es la amplia participación en la batalla de ideas que hoy libra nuestro pueblo.

En resumen, las FAR han constituido, además de un valladar para los planes enemigos de agresión militar, una gran escuela donde se han forjado cientos de miles de jóvenes que actualmente trabajan en los más diversos frentes o continúan prestando servicios en las Fuerzas Armadas Revolucionarias o el Ministerio del Interior.

Periodista.—Compañero Ministro, es sabido que la URSS constituía el principal abastecedor de armamento, técnica militar y recursos materiales de todo tipo para las FAR. Diez años después de la desintegración de ese país, Cuba mantiene la capacidad defensiva necesaria para disuadir una agresión militar, incluso de la principal potencia del planeta. ¿Qué factores han hecho posible tal proeza?

Es un tema largo de explicar...

De la URSS nos llegaban regularmente todos esos suministros de que tú hablas y que cesaron de forma abrupta en el año 1990.

Pero las FAR no solo recibieron el fuerte impacto directo que significó el cese de dichos envíos, adicionalmente sufrieron —junto al resto de los sectores de la sociedad— las consecuencias de la pérdida de nuestro principal mercado.

Hay datos y hechos que resulta útil rememorar, aunque sea de forma muy sucinta, teniendo en cuenta que ha transcurrido más de una década desde que fueron analizados en detalle y a la luz pública por los diputados de nuestro Parlamento y por todo el pueblo que expresó libremente sus criterios en alrededor de 80 mil asambleas de obreros, campesinos, estudiantes... Hubo una extraordinaria comprensión de la necesidad de adoptar determinadas medidas restrictivas y estas recibieron el apoyo masivo de la población.

Esa gran inteligencia colectiva que solo es posible movilizar cuando existe una verdadera democracia participativa, nos permitió encontrar las soluciones para ir superando paulatinamente la difícil situación de aquel momento.

La desaparición de las condiciones mutuamente ventajosas de nuestro comercio con el campo socialista, fundamentalmente con la URSS, hizo caer el valor de las exportaciones cubanas en más del 70 por ciento en apenas tres años, entre 1989 y 1993. Perder, por ejemplo, la fuente tradicional de suministro de combustibles y tener que acudir a los pocos dispuestos a venderlos a una nación bloqueada por Estados Unidos, significó dedicar a ese solo rubro cerca del 45 por ciento de la capacidad de importación del país... ¿te imaginas eso? y tan enorme sacrificio solo alcanzaba para comprar menos de la mitad del combustible que consumíamos apenas cinco años antes.

Se nos cayó más de la tercera parte del Producto Interno Bruto —el 35 por ciento exactamente—, más del 50 por ciento de la agricultura, el 30 por ciento de la industria, el 70 por ciento de las construcciones... A ello hay que agregar el cese del suministro de piezas de repuesto, la interrupción de numerosas inversiones con la consiguiente inmovilización de recursos por miles de millones de pesos y otras muchas consecuencias que sería largo enumerar... De un golpe tan terrible muy pocas naciones podrían recuperarse y resistir 10 años.

Volviendo a tu pregunta. El hecho de haber sido capaces de conservar la capacidad defensiva del país en medio de esas condiciones, no puede verse desligado del esfuerzo colosal realizado por todos los cubanos durante estos años de período especial. La decisión de nuestro pueblo de salvar la Revolución a cualquier precio, su disposición de hacer cuanto sacrificio fuera necesario para preservar las conquistas del socialismo, sin perder ni por un momento la fe en la victoria, ha sido el factor determinante de nuestros triunfos en todos los frentes y en particular en el de la defensa.

Muchas preguntas se hacen en el extranjero acerca de cómo hemos sido capaces de resistir y vencer frente a tantos problemas y dificultades. Recuerdo aquellos días en que permanecieron en La Habana cientos de periodistas de diferentes partes del mundo, esperando captar el momento del desplome de la Revolución cubana, y muy especialmente a ciertos visitantes que vinieron a aconsejarnos la rendición y ahora indagan cómo fue posible que pudiéramos resistir.

Creo que en nuestra gloriosa historia, como recordábamos hace un momento, está la respuesta a muchas de esas preguntas... En la asombrosa resistencia de los mambises frente a un enorme ejército colonial, prácticamente sin recursos de ningún tipo, sin olvidarnos de la famosa y criminal reconcentración del general español Valeriano Weyler, que de 1896 a 1897 ocasionó alrededor de 300 mil muertes, es decir, pereció uno de cada cinco cubanos, fundamentalmente niños, mujeres y ancianos.

En cuanto a las FAR, es cierto que durante los últimos años no hemos recibido ningún tipo de armamento, pero también lo es que a lo largo de tres décadas recibimos suficientes y eficientes medios de combate de todo tipo.

En los últimos años se ha desactivado una parte de esos medios por no reunir ya las condiciones que exige el combate contemporáneo, o por resultar desfavorable la relación entre el costo de mantenimiento y la probable eficacia de su empleo en nuestro teatro de operaciones militares. Pero el grueso de ese gran volumen de armamento y técnica militar está perfectamente conservado; además, nuestros especialistas han ido modernizando parte de esos equipos en la medida de nuestras posibilidades y necesidades.

Concluyendo esta parte, contamos con los medios necesarios para nuestra defensa y en este sentido el país no tendrá que hacer grandes inversiones en el futuro inmediato, y este es uno de los gastos principales en cualquier fuerza armada.

En cuanto a la envergadura y niveles de actividad de las FAR, sabíamos que estaban por encima de las posibilidades económicas del país en la nueva situación creada. En realidad lo estuvieron desde que nos vimos obligados a realizar crecimientos considerables tras la derrota de la invasión en Playa Girón y ante la inminencia de una agresión directa de las fuerzas armadas norteamericanas, pero la ayuda que recibíamos de la Unión Soviética nos permitía solventar esa contradicción. Incluso hoy, no obstante las grandes reducciones realizadas, sigo pensando que podemos continuar perfeccionando nuestras estructuras para asegurar la defensa con una menor envergadura de efectivos permanentes. En esa dirección trabajamos.

Por tanto, a comienzos de la década de los noventa, la primera decisión que hubo que adoptar de inmediato fue apretarnos el cinturón. Es decir, ajustar rigurosamente nuestros gastos a los recursos que el país estaba en condiciones de asegurar. Fue preciso adoptar medidas dolorosas pero necesarias, una de ellas —que por cierto tiene que ver con tu trabajo— es el cese temporal de todas las publicaciones militares, el cual se ha extendido durante más de una década, incluida esta querida y prestigiosa revista Verde Olivo fundada por el Che en el mismo año 1959, y que pretendemos sea la primera en reaparecer cuando las condiciones lo permitan.

Periodista.—También contribuimos a la economía...

Sí, es un tema que conoce bien nuestro pueblo. Las Fuerzas Armadas no se limitaron a reducir gastos... Sus miembros han participado activamente en cuanta tarea ha requerido de su esfuerzo.

A la vez nos esforzamos por aportar ingresos mediante el redimensionamiento y la reorientación de las producciones y servicios del sistema empresarial de las FAR, con el empleo de las técnicas de gestión más modernas, perfectamente aplicables en una economía socialista, dirección en la que ya se venía trabajando desde un tiempo atrás. Es motivo de satisfacción y orgullo para nuestros oficiales y trabajadores civiles, el que esa experiencia haya servido de base al proceso de perfeccionamiento actualmente en marcha en todas las empresas del país.

Ello permitió a nuestro Gobierno dar otro destino, en primer lugar para garantizar las condiciones de vida de la población, a recursos que de otra forma hubiera sido necesario dedicar a la defensa. En este último aspecto se puso especial énfasis en la producción de alimentos con la mira puesta en alcanzar el autoabastecimiento total en la mayoría de los renglones... claro, excepto aquellos que no resultaba lógico o posible producir, como el azúcar, la sal y la harina de trigo, por citar tres ejemplos.

En este frente se ha avanzado considerablemente y en la actualidad la mayor parte del consumo de alimentos de las FAR lo garantizan las producciones de la Unión Agropecuaria Militar.

Unido a lo anterior las FAR, fundamentalmente el Ejército Juvenil del Trabajo, además de las importantes tareas que durante largos años venían realizando en beneficio de la economía, asumieron de forma provisional la gestión de un grupo de actividades productivas y de servicios que por diversas causas, en lo fundamental subjetivas, se desestabilizaron de manera considerable en los primeros años de período especial, sobre todo vinculadas al sector agrícola y en particular a la producción de alimentos, las cuales se han ido reintegrando al Ministerio de Agricultura con niveles de organización y producción nunca antes alcanzados, como por ejemplo las dos empresas de cítricos más grandes del país: la de la Isla de la Juventud y la "Victoria de Girón", de Jagüey Grande, al sur de Matanzas.

Hay un factor decisivo para el éxito... lograr que todos, desde los jefes con más altas responsabilidades hasta el joven soldado o el más modesto trabajador, sientan como suyas las tareas en que participan.

Por eso cada decisión con influencia en las condiciones de trabajo o la vida personal de determinado compañero, cada medida importante, ha sido explicada hasta la saciedad con argumentos sólidos; se han escuchado y analizado todas las opiniones y tratado de buscar, dentro de las posibilidades existentes, la solución más adecuada en cada caso.

Contamos con un gran consenso que multiplicó extraordinariamente nuestras fuerzas. El contacto personal y diferenciado de jefes, oficiales y trabajadores políticos con la masa de combatientes y trabajadores civiles, junto a la labor del Partido, la UJC y el Sindicato, han sido determinantes para alcanzar estos resultados.

Lo anterior es decisivo, pero no suficiente... hace falta también sistematicidad. Esta ha sido un elemento clave para la solución de los problemas, junto a la visión de adelantarnos a la ocurrencia de estos, así como la integralidad y constancia en el trabajo, y el análisis y la búsqueda de las soluciones más adecuadas. Cuando no lo hicimos así, la vida nos demostró que no era posible alcanzar los objetivos, aun estando presentes la consagración y la voluntad que siempre han caracterizado a los miembros de las FAR.

Aunque parezca una inmodestia, puedo asegurar que todo ese esfuerzo y sus resultados merecen el calificativo de proeza. Nuestros jefes y oficiales, junto a todos los combatientes y trabajadores civiles, trabajaron sin descanso bajo una gran presión y en condiciones muy ajenas a las habituales.

Pero no nos dormimos en los laureles. Tomamos la victoria inicial simplemente como punto de partida para un empeño mucho mayor: Diseñar las fuerzas armadas y el sistema defensivo que requería el país para hacer frente a los grandes retos del presente siglo.

Tal como expresé hace algunos meses ante un grupo de periodistas, hemos perfeccionado nuestra doctrina militar a partir del pensamiento creador de los miles de compañeros que, sin dejar de cumplir las reglas de la compartimentación y la protección del secreto, han participado en ese proceso de estudios e implementación durante largos años.

Nos hemos basado en el profundo conocimiento de las leyes del arte militar, pero sin por ello atarnos a esquemas clásicos o soluciones convencionales... y además de basarnos en nuestra propia experiencia también hemos estudiado detalladamente las derivadas de cuanto conflicto armado ha tenido lugar en el planeta en el último medio siglo, y muy especialmente los acontecidos a partir de los años noventa.

¿Resultado? Hemos reducido decenas de miles de efectivos, tenemos un presupuesto de defensa que es casi la mitad del existente a mediados de la década de los ochenta, en la que además disponíamos de varias veces más recursos materiales de todo tipo que no estaban recogidos en el presupuesto, ya que pertenecían a la colaboración técnica-militar con la URSS.

Desechamos todo aquello —ya fuera armamento, estructuras o concepciones— que llegamos a la conclusión de que no nos iba a servir de mucho en caso de una agresión armada. El probable enemigo siempre nos superará considerablemente, cuantitativa y cualitativamente, por ejemplo, en aviación y buques de guerra. Concentramos los esfuerzos en elevar al máximo la efectividad de todo lo que sí brindaba posibilidades reales de protegernos y sobre todo de causarle al invasor el mayor daño posible, hasta obligarlo a desistir de su propósito.

Hoy tenemos una concepción defensiva totalmente autóctona y original, que resume la experiencia combativa de nuestro pueblo y de otros pueblos, y las enseñanzas extraídas de las guerras contemporáneas; salida del estudio profundo de nuestras realidades hasta en el más mínimo detalle y en cada rincón del país. Por eso hemos asegurado que a pesar de contar con menos recursos, hoy somos más fuertes.

Que no llegue a producirse nunca una agresión militar contra nuestro país es la principal victoria a que aspiramos, y nuestro pueblo dará por bien invertidos los recursos y las muchas toneladas de sudor dedicados a la defensa durante más de cuatro décadas, esfuerzo que no se ha detenido un minuto ni aun en las difíciles condiciones del período especial.

El milagro de nuestra defensa por el que tú preguntabas está en nuestro pueblo, en la visión del Comandante en Jefe, en la previsión con que se actuó, en la oportunidad con que se adoptó cada decisión, en la sistematicidad, y en el trabajo abnegado y eficiente de cientos de miles de compatriotas.

El huracán que azotó recientemente más de la mitad del país ha servido para probar una vez más nuestra organización y capacidad de recuperarnos de los más terribles golpes. Nadie va a cometer la estupidez de disgustarse con las fuerzas de la naturaleza... pero si esos grandes daños llegara a provocarlos un agresor extranjero, la ira multiplicaría miles de veces esa enorme capacidad de resistencia y recuperación de nuestro pueblo.

Somos una nación pacífica. No contamos con medios ofensivos de ningún tipo para agredir a otro país ni deseamos tenerlos, pues jamás los cubanos desencadenaremos una guerra contra otros; pero nadie dude de que las FAR, junto a todo el pueblo combatiente, están en condiciones de cobrar un precio tan elevado a cualquier agresor y agresores acompañantes, que tendrán que pensarlo bien varias veces.

Creo que con esto tu pregunta queda contestada.

Periodista.—Ampliamente, Ministro. Para concluir quisiéramos que nos hablara del futuro. El siglo XXI ha nacido caracterizado por enormes desafíos para la humanidad y nuestro pueblo como parte de ella. Dentro de ese complejo contexto, ¿cuál es su apreciación del desarrollo perspectivo de la defensa nacional y de las Fuerzas Armadas Revolucionarias en particular?

Los hechos se han encargado de demostrar con particular dramatismo en los últimos meses, que el siglo XXI será sumamente complejo e impredecible, cargado de extraordinarios retos para la humanidad en general y con ella para nuestro pequeño país. Por tanto, resulta muy difícil predecir la evolución de la situación en la arena internacional y de los probables escenarios en que tendremos que actuar, más allá de un futuro más o menos inmediato.

Deseamos fervientemente que los cambios sean en favor de la paz, la comprensión entre los pueblos y hacia una mayor equidad en la distribución de las riquezas del planeta, y en busca de un verdadero respeto a los derechos del ser humano, comenzando por el derecho a una vida decorosa y a no ser un paria en su propia tierra. Por estos objetivos lucha y seguirá luchando nuestro pueblo, la batalla de ideas que libramos actualmente es un buen ejemplo.

Foto: RAÚL ABRÉUPero independientemente de que se imponga el raciocinio entre los poderosos que pretenden regir los destinos del mundo o se produzca una escalada de la agresividad, el revanchismo y la prepotencia que actualmente se enseñorean en las relaciones internacionales, la defensa de nuestro país seguirá teniendo la prioridad que requiere.

Hace un cuarto de siglo, con su visión de siempre, el Comandante en Jefe lo advirtió ante el Primer Congreso del Partido. Estas fueron sus palabras textuales: "Mientras exista el imperialismo, el Partido, el Estado y el pueblo, les prestarán a los servicios de la defensa la máxima atención. La guardia revolucionaria no se descuidará jamás. La historia enseña con demasiada elocuencia que los que olvidan este principio no sobreviven al error".

Como ya explicamos, hemos dedicado importantes esfuerzos en los últimos años a diseñar e ir estructurando el sistema defensivo y las fuerzas armadas que el país requiere al entrar en el presente siglo, tarea cumplida en lo fundamental con importantes resultados y en la que continuamos trabajando de forma permanente.

Hay que tener en cuenta además la ventaja que significó haber adoptado a tiempo, desde comienzos de la década de los ochenta, ya del siglo pasado, en nuestra doctrina militar la concepción de la Guerra de Todo el Pueblo, que no basa su fortaleza solo en el componente regular de las FAR. El estudio de los conflictos bélicos más recientes, del que ya hablamos, demuestra lo acertado de esa decisión tomada hace 20 años.

En definitiva, históricamente nuestras luchas se han caracterizado por librarse en condiciones muy difíciles para nuestro pueblo y con una correlación de fuerzas enormemente desfavorable, frente a poderosos enemigos.

Tenemos por tanto una concepción clara de cómo defendernos y contamos con los medios necesarios para hacerlo. Y lo que es mucho más importante, suman millones los patriotas dispuestos a empuñar las armas, si algún día fuera necesario, y cada vez con mayor preparación en todos los terrenos... y sobre todo con una elevada moral y profundas convicciones políticas.

Muchos en el extranjero especulan acerca de qué ocurrirá cuando ya no estén los dirigentes históricos de la Revolución. Sencillamente esta seguirá adelante. Los hombres y mujeres que en los años futuros ocuparán las principales responsabilidades en la defensa, al igual que en el resto de las esferas del país, incluida la máxima dirección de la nación, no están por llegar, ya se encuentran entre nosotros.

Son gente aguerrida y de firmes convicciones que se ha probado con creces en las grandes batallas que ha librado nuestro pueblo, fundamentalmente en la última década, y siempre en condiciones extraordinariamente difíciles.

En el caso de las FAR, ya hay camilitos que son generales o coroneles. Tú los has visto en el terreno... al frente de importantes unidades de combate y en la mayoría de los cargos clave de los estados mayores e instituciones de la defensa están hoy personas jóvenes, algunos ni habían nacido en 1959.

La Revolución marcha con más bríos hoy que hace 43 años... es el fruto de la enorme obra humana realizada en la formación integral de las nuevas generaciones, cada una de las cuales se ha forjado invariablemente en la lucha.

Las FAR seguirán estando firmemente fundidas con el pueblo, seguiremos siendo, como dijo Camilo, "el pueblo uniformado". Con él participamos cotidianamente en cada combate de la actual batalla de ideas y del esfuerzo por elevar nuestra preparación en todos los sentidos, en el conocimiento de la historia patria, en la formación política-ideológica y por alcanzar una cultura general integral, algo esencial para vencer los retos del siglo XXI.

Desde el 2 de diciembre de 1956 hasta hoy han transcurrido 45 años de constante batallar. Primero por conquistar la libertad y el derecho a construir una sociedad justa, y después por defenderla de las agresiones imperialistas y salvaguardar las conquistas alcanzadas. Por eso no es exacto hablar de relevo de generaciones en la Revolución cubana, sino de continuidad; de lucha permanente frente al agresor protagonizada por hombres y mujeres de todas las edades.

El Granma, como dijo Fidel hace ya un cuarto de siglo, no solo llegó a Las Coloradas; continuó navegando por la Sierra y el llano; su proa arribó triunfante al Primero de Enero de 1959 y ha proseguido ininterrumpidamente su ruta revolucionaria a lo largo de estos 45 años.

Esa pequeña nave ha pasado a ser símbolo de independencia, dignidad y justicia, de permanente decisión de lucha y fe inquebrantable en la victoria. Por eso todo nuestro pueblo combatiente, y como parte de él los miembros de las FAR, seremos siempre tripulantes del Granma. ¡Esa es la garantía de la eterna existencia de la Revolución y de la Patria!