LUCHA CONTRA PIRATAS 

A fines de octubre de l959, el presidente de Estados Unidos, Dwight D. Eisenhower, aprobó el primer plan de agresiones armadas piratas contra Cuba, que sería seguido por el “Programa de acciones encubiertas contra el régimen de Castro”, rubricado por el propio presidente el 17 de marzo de 1960, y por la Operación Mongoose, patrocinada por el general de brigada Edward Landsdale ante el Consejo de Seguridad el 18 de enero de 1962. 

Todos estos planes incluían incursiones aéreas y navales contra objetivos de la isla, con el fin de infiltrar y exfiltrar agentes, abastecer con armamento, explosivos y otros equipos a la contrarrevolución interna, causar daños a la economía y provocar el terror en la población. Para poner en marcha esos planes, la Agencia Central de Inteligencia creó en Miami un centro de operaciones anticubanas que durante años reclutó, organizó, financió, equipó, entrenó y dirigió la actividad encubierta de mercenarios y apátridas exiliados de origen cubano. 

Ya el 21 de octubre de 1959, aviones sin insignias bombardearon, ametrallaron y lanzaron proclamas sobre la ciudad de La Habana, con un saldo de 2 muertos y 41 heridos. En lo que restó del año 1959 y los primeros meses de 1960, los poblados de Cojímar y Regla, al igual que numerosas fábricas de azúcar, fueron bombardeadas; un tren de pasajeros ametrallado; decenas de miles de toneladas de caña de azúcar quemadas y millones de volantes con propaganda contrarrevolucionaria fueron arrojados sobre Cuba. El 18 de enero de 1960, la avioneta que piloteaba el ciudadano norteamericano Robert Ellis Frost, fue destruida sobre el central España, en la provincia de Matanzas, mientras cumplía su tercera misión contra territorio cubano, por una de las bombas que portaba bajo sus alas. La carta de vuelo de Frost, indicaba que había despegado ese día del aeropuerto de Tamiami, Florida.  

La organización de la defensa antiaérea por parte de las Fuerzas Armadas Revolucionarias hizo muy riesgosos los ataques aéreos y entonces aumentaron las acciones navales, que venían produciéndose esporádicamente desde el 13 de marzo de 1961. Decenas de lanchas rápidas artilladas, procedentes del sur de la Florida, aprovecharon los más de 3,200 kilómetros del litoral norte cubano, llenos de cayos donde ocultarse, para golpear por sorpresa a buques mercantes de distintas nacionalidades en ruta hacia Cuba, embarcaciones pesqueras y objetivos costeros, así como llevar a cabo infiltraciones y exfiltraciones. Desde mayo de 1962 hasta ese propio mes de 1963 fueron detectadas 14 incursiones piratas –11 de ellas navales y 3 aéreas– con su trágica secuela de muertos, heridos y destrucciones. 

La dirección del país, que no había heredado de la republica neocolonial ninguna institución de guardacostas, se vio obligada a crear en breve plazo una fuerza capaz de enfrentar con eficiencia esas agresiones. Tal fue la Lucha Contra Piratas (LCP). A mediados de 1963 esta quedó organizada en la costa norte de la provincia de Matanzas y posteriormente en las de Las Villas y Camagüey. Fue dotada con varios tipos de unidades ligeras de superficie –muchas de ellas ocupadas a los propios  piratas en frustradas acciones anteriores– y pequeñas unidades terrestres que se desplegaron en las cayerías y  el litoral. También recibió el apoyo de  la Fuerza Aérea Revolucionaria, la Marina de Guerra Revolucionaria, los órganos de la Seguridad del Estado y de las cooperativas pesqueras, estas últimas prestaron valiosos servicios de exploración y enlace. 

A lo largo de sus apenas seis meses de vida como institución,  los jóvenes oficiales, sargentos y soldados que  integraron la LCP protegieron objetivos costeros, ocuparon cayos, patrullaron miles de kilómetros de litoral y de millas cuadradas de aguas territoriales, vigilaron los cielos de la patria y combatieron  con heroísmo a los piratas procedentes del norte. 

En diciembre de 1963 comenzó a crearse las  Tropas Guardafronteras, con la misión de  garantizar la integridad de las fronteras del país. La experiencia adquirida en pocos meses por los miembros de la LCP fue vital en la integración de la nueva institución. La abnegada y decidida acción de sus miembros logró disminuir las pérdidas de vidas y los daños materiales, e impidió que se afectara  la economía cubana. Tampoco el enemigo logró crear el pánico de la población que cerró filas en torno a la Revolución.

 

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