Por Maida Millán Álvarez

Corría el 22 de octubre de 1962. La agresión era inminente. El Comandante en Jefe ordena alarma de combate para todo el país. El pueblo, junto a las Fuerzas Armadas Revolucionarias, muestra su firme decisión de defender la nación sin atemorizarse ante el chantaje atómico. Un año antes había sido derrotado el intento enemigo de hacernos sucumbir.

En el período comprendido entre la victoria de Playa Girón y la Crisis de Octubre, las FAR experimentan cambios sustanciales en su estructura y composición. Se transforman en un ejercito moderno de nuevo tipo, estrechamente vinculado con el pueblo.

El desarrollo de la institución armada y la elevación de las exigencias en correspondencia con las condiciones del momento, caracterizado por la agresividad del enemigo, imponen la necesidad de reorganizar la labor política en su seno.

El entonces Departamento de Instrucción Revolucionaria, atendido por el comandante Ernesto Guevara, centra su actividad en la formación de los trabajadores políticos. Se profundiza en su preparación para el desempeño de las funciones como orientadores y divulgadores de la línea revolucionaria trazada para las FAR. En tal empeño, el Che señala que estos hombres debían acompañar el trabajo a partir de su propio ejemplo personal tanto en el combate, como en la paz.

La denominación dada a los trabajadores políticos fue diversa, pero los objetivos generales de su labor desde un inicio estuvieron bien definidos. El Comandante en Jefe, al clausurar el primer curso de instructores revolucionarios el 20 de septiembre de 1961, los veía como la avanzada para la creación del Partido en las FAR.

La tarea que no esperaba

El país como un hervidero acomete disímiles transformaciones sociales. Hombres, mujeres y niños unidos por un mismo propósito: defender las conquistas alcanzadas, se preparan ante las constantes amenazas del enemigo del norte y de los que tratan de hacerles el juego dentro de Cuba.

Las lecciones de Fidel sobre lo que debía ser el Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba (PURSC) y sus análisis del desarrollo de la Revolución hasta ese momento, en particular acerca de los errores cometidos por la Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI) producto del sectarismo, sirvieron de base para el proceso que bajo el principio de consulta con las masas y el análisis crítico y autocrítico de la conducta de cada persona con los méritos necesarios para militar en la vanguardia marxista-leninista de la Revolución cubana, se desarrollaba en el país.

En las FAR la tarea no esperaba, el Primer Secretario General del PURSC, Comandante en Jefe Fidel Castro, plantea: (...) Tenemos que organizar el Partido en la administración, en el campo, tenemos que organizar el Partido en los barrios y tenemos que organizar el Partido en las Fuerzas Armadas Revolucionarias”.

La Dirección General del PURSC encomienda al Ministro de las FAR, el entonces comandante Raúl Castro Ruz, en su carácter de Segundo Secretario, la tarea de dirigir la construcción del Partido en la institución armada, para lo cual fueron creadas comisiones integradas por los mejores instructores revolucionarios, previamente seleccionados.

El obstáculo fundamental era la falta de experiencia en cuanto a la construcción del Partido en una institución militar. Por tanto, fue necesario perfilar todo el procedimiento a seguir y buscar algunos antecedentes en otros ejércitos con características semejantes. Pero lo más importante estaría relacionado con una profunda preparación de los compañeros que enfrentarían la tarea.

Paralelamente a la determinación de los métodos a utilizar en la creación del Partido, se establecieron las actividades, estructuras y funcionamiento de los organismos políticos en las FAR, con vista a orientar el trabajo partidista.

En cada unidad tuvo lugar todo un proceso preparatorio dirigido por las comisiones creadas, que implicó un trabajo ideológico y organizativo importante con la tropa, sobre la base de apreciar el estado de las condiciones de vida, el desarrollo de la preparación combativa, política y cultural, la disciplina y la labor de los jefes, oficiales y trabajadores políticos.

Una verdad inobjetable

No era posible objetivamente realizar la construcción del Partido de forma simultánea en todos los ejércitos y demás estructuras militares. Se decide comenzar por el Ejército Oriental y es escogida para ello la División 56. El 2 de diciembre de 1963 comienza la importante tarea que tres años y dos meses después finalizaba. Y que no fue completada hasta que un año más tarde culminara también la creación en la institución de la organización juvenil del Partido, la Unión de Jóvenes Comunistas.

Las reflexiones, ideas y críticas del Ministro de las FAR han sido precisas en cada momento del desarrollo del Partido en la institución.

Como resultado de esta tarea no solo se determinó la militancia de los combatientes, sino que se formaron los núcleos, buroes del Partido, comités de base y de dirección de la UJC. Además, se crearon las secciones políticas desde el nivel de división-brigada hasta los Ejércitos, tipos de fuerza armada y armas, eligiéndose las respectivas comisiones del Partido adjuntas a estas.

Se creó todo un sistema de organizaciones partidistas y organismos políticos capaz de llevar adelante la labor política- ideológica con todos los miembros de las FAR y de materializar en su seno la política militar del Partido.

La quietud, la sumisión y la cobardía política son cuerpos extraños y ajenos que ahogan al Partido

Al orientar acerca del papel de las organizaciones partidistas, el Ministro de las FAR ha referido su notable influencia en la actividad militar en general, insistiendo en que la autoridad del jefe, lejos de afectarse, se fortalece cuando escucha al Partido.

El mando único y la existencia del Partido no son aspectos antagónicos, sino se complementan en el cumplimiento de las misiones. El Partido promueve el respeto al jefe junto a la exigencia a este como militante. De la unidad de acción que se logre entre el jefe, el organismo político y las organizaciones de base, dependerá en buena medida los resultados en la unidad.

En todos estos años se han ido acrecentando las responsabilidades del Partido en las FAR. Las tareas iniciales se fueron haciendo más complejas en la medida que creció su experiencia y se fortalecieron sus filas. El cumplimiento por el jefe de sus deberes militares, su papel como educador y su fortaleza de principios, son aspectos en que ha estado presente el trabajo de la organización, orientándonos que: “... un miembro del Partido en las FAR cuidará celosamente del prestigio y la autoridad de los jefes, factor decisivo de la disciplina militar y condición indispensable para que una unidad sea capaz de combatir y vencer”.

La fuerza del ejemplo

En todos los tiempos, el principio del ejemplo ha sido decisivo en el desempeño de las responsabilidades. Nuestro Comandante en Jefe, desde los mismos inicios de la Revolución, le ha atribuido una especial importancia a que los hombres eduquen a partir de su ejemplo personal. Y es que la fuerza mayor la tiene el hacer primero lo que después tenemos que exigir.

El requisito que sustentaba la labor de los instructores revolucionarios era su ejemplo personal, quien no fuera consecuente con ello, simplemente no podía ser un divulgador y orientador político. El proceso de construcción del Partido en el brazo armado de la Revolución se sustentó en un verdadero análisis de la conducta comunista de cada uno de sus integrantes, y de manera muy especial su ejemplo ante los combatientes. Este elemento esencial, señaló el general de ejército Raúl Castro, “...tiene una connotación de inestimable valor que no debemos pasar por alto en ninguna circunstancia”.

El Ministro de las FAR, principal promotor de la actividad partidista en el seno de las fuerzas armadas, nos ha educado en el valor de la autoridad del jefe a partir del ejemplo que le da a los subordinados, de la misma forma que fortalece su jerarquía militar cuando escucha las opiniones y criterios de los demás.

Al respecto señaló: “... la primera condición que debe tener un buen jefe es ser accesible a las sugerencias de sus más cercanos colaboradores y saber recoger las críticas de sus compañeros del núcleo del Partido (...) Un jefe puede equivocarse, pero el más equivocado de todos es aquel que no está dispuesto a aceptar y asimilar positivamente la crítica”.

Por el camino de la victoria

La concepción que guió la constitución de las organizaciones de base del Partido en las Fuerzas Armadas Revolucionarias significó un extraordinario aporte del pensamiento de Fidel y Raúl a la construcción partidista en Cuba.

En estos 38 años de vida partidista, ha sido decisivo el aporte que sobre el papel y lugar del Partido en las FAR ha realizado el general de ejército Raúl Castro. Desde la Primera Reunión de Organización del Partido en 1966, donde se profundizó en los lineamientos leninistas del trabajo de sus organizaciones, o la segunda de estas importantes citas que se pronunció por una mayor actividad propagandística y de superación política ideológica de los combatientes, hasta la Quinta Reunión de Secretarios, cuando se analizaron deficiencias que afectaban el trabajo político-partidista, en todos esos momentos y en otros posteriores, ha estado presente con sus reflexiones, ideas y críticas, el Ministro de las FAR.

El Partido en el brazo armado de la Revolución encamina la actividad en su principal campo de acción, la atención al hombre y su elevada preparación. Las organizaciones partidistas desde el principio se sumaron al esfuerzo de los jefes en el cumplimiento de las misiones de las unidades, y de conjunto con los organismos políticos trabajan para garantizar una elevada preparación política-ideológica, profesional y cultural de sus integrantes, para junto a todo el país defender las conquistas alcanzadas, que hoy tiene su combate, en el campo de las ideas que defendemos.

Partir del principio de lograr una mayor inmediatez y oportunidad en el análisis de los temas que forman parte de la batalla que hoy libramos contra el imperialismo a través de todas las actividades política-ideológica, donde el Partido de forma creativa encamine su labor hacia el esclarecimiento con todos los combatientes sobre por qué luchamos, contra quién luchamos, por qué estamos en contra del bloqueo, qué es y qué significa la Ley de Ajuste Cubano, sus consecuencias y quiénes están detrás de todo esto.

El trabajo político-partidista en las FAR se ha enriquecido durante esta etapa en defensa de nuestras ideas. La lucha librada por el regreso de Elian, las tribunas abiertas de la Revolución, donde han estado presente los integrantes de la institución, y la lucha por cumplir los propósitos del Juramento de Baragua, han profundizado los conocimientos en los combatientes sobre las campañas de desestabilización y mentiras contra Cuba.

Las organizaciones del Partido y la UJC en las FAR se hacen eco de los planteamientos del Comandante en Jefe en el discurso por el XL aniversario del triunfo de la Revolución en Santiago de Cuba, cuando significó el fundamento de la educación política-ideológica y ética-moral en los momentos actuales:

“...Profundizar en la conciencia, formar carácter, educar en la dura escuela de la vida de nuestra época, sembrar ideas sólidas, utilizar argumentos que son irrebatibles, predicar con el ejemplo y confiar en el honor del hombre, puede lograr que, de cada diez, nueve permanezcan en sus puestos de combate junto a la bandera, junto a la Revolución y junto a la Patria”.

Próximas a cumplir sus 45 años, las Fuerzas Armadas Revolucionarias cuentan con un Partido más organizado y fortalecido que en estrecha vinculación con todos los combatientes, que es decir el pueblo uniformado, forja con su paso el camino de la victoria.

El trabajo político partidista en las FAR se desarrolla creadoramente