Por: Ángel Rodríguez Álvarez

El internacionalismo tiene en nuestro país una larga historia y ha desempeñado, en una u otra dirección, un importante papel en el desarrollo de la nación cubana, desde el momento de su gestación hasta nuestros días.

Cualquier análisis sobre los factores que de un modo u otro han ejercido influencia en la conformación de los sentimientos internacionalistas, tiene que tomar en cuenta elementos de carácter natural, presentes en nuestros orígenes como nación.

La nación cubana es un mosaico de diferentes etnias, que aunque se centra en dos troncos fundamentales: el español y el africano, tiene componentes chinos, franceses, haitianos, mexicanos, árabes y otros.

Tal fenómeno ha determinado que el cubano haya alcanzado una visión universal y no se reduzca al marco estrecho de su Isla. Sin lugar a dudas esta feliz unión de hombres de diferentes razas, latitudes, creencias y nacionalidades cimentó las bases de la solidaridad combativa de nuestro pueblo. Por ello no existe ninguna casualidad en aquella definición del Comandante en Jefe, realizada en uno de los momentos más complejos de la cooperación militar con Angola, cuando señaló que para nosotros ser internacionalistas era saldar una deuda de gratitud con la humanidad. 

En esas palabras estaba presente la enorme y decisiva participación de hombres y mujeres africanos, chinos y latinoamericanos integrantes de las filas del Ejército Libertador, muchos de los cuales alcanzaron grados de oficial y cuyo paradigma es el dominicano Máximo Gómez Báez. Nada menos que 36 combatientes extranjeros ostentaron grados de general de las fuerzas mambisas. Ya en el siglo XIX las concepciones internacionalistas están presentes en el pensamiento político cubano cuya expresión más acabada la encontramos en José Martí, al señalar con toda previsión el papel de los cubanos en la lucha para impedir el avance de los Estados Unidos sobre los pueblos de América. 

Para nosotros la Patria es la América", diría categórico, al resumir el alcance de su pensamiento y su modo de concebir la estrategia de lucha. Pero en Martí encontramos también elementos incorporados a la práctica política, pues al organizar el Partido Revolucionario Cubano en 1892, dejó esclarecido que se constituía para lograr con las fuerzas reunidas de todos los hombres de buena voluntad, la independencia absoluta de la isla de Cuba, y fomentar y auxiliar la de Puerto Rico. Esta concepción martiana formó parte del arsenal ideológico de los principales jefes mambises. El general Antonio Maceo escribió en julio de 1884, que cuando Cuba fuera independiente solicitaría del gobierno que se constituyera, permiso para hacer la libertad de Puerto Rico, pues no le gustaría entregar la espada dejando esclava esa porción de América. El Partido fundado por Julio Antonio Mella y Carlos Baliño en 1925, continuador del organizado por Martí, legó el internacionalismo de este. 

En Angola los combatientes cubanos escribieron páginas de heroísmo.

En la sesión constitutiva sus militantes se pronunciaron por fortalecer las ideas Internacionalistas, rindieron homenaje a Lenin, expresaron su solidaridad con la Rusia soviética y se hermanaron con los destacamentos obreros del proletariado mundial. Esa tradición se enriqueció en la etapa de la neocolonia. Un ejemplo resalta entre muchos otros: la organización de la brigada que participó de manera activa y destacada en la Guerra Civil Española, en defensa de la República agredida por fuerzas fascistas y que tienen en Pablo de la Torriente Brau, su figura más conocida. Los elementos señalados y otros muchos que harían interminable esta relación, calaron profundamente en el pensamiento revolucionario del pueblo. En no pocos combatientes del Ejército Rebelde, estaba presente con fuerza la idea de ir a combatir contra otras tiranías una vez derrocado Batista. 

Esos sentimientos, convertidos en sólidas convicciones, tienen su expresión más completa en aquella frase del inolvidable comandante Camilo Cienfuegos: "Esos que luchan, no importa donde, son nuestros hermanos". Con el triunfo de la Revolución las ideas internacionalistas se convirtieron, por las razones históricas ya señaladas y por las propias condiciones políticas que debía enfrentar, en parte de la cultura política y la conciencia revolucionaria de las grandes mayorías identificadas con el proceso de profundas transformaciones populares iniciado en enero de 1959.

En este análisis es importante tener en cuenta que nuestro país fue sometido, desde los primeros momentos a la sistemática hostilidad del poderoso vecino del norte, quien promovió una política de aislamiento económico, cultural, político y diplomático, al que se sumaron todos los países de la región con la conocida excepción de México. De suma importancia resultó, en aquellos momentos y en los años posteriores la ayuda económica y militar de la Unión Soviética, China de otros países socialistas de Europa, lo que nos permitió fortalecer nuestra capacidad defensiva y establecer programas de desarrollo económico y social. 

No se puede olvidar que en aquellas increíblemente difíciles condiciones los revolucionarios cubanos recibimos numerosas muestras de simpatía y solidaridad por parte de los pueblos latinoamericanos, apoyo que alimentó nuestra moral revolucionaria y espíritu de lucha y resistencia, y también contribuyó a frenar las ideas de agresión directa por parte de los Estados Unidos. El internacionalismo se convirtió así en indispensable componente de la estrategia de la lucha antiimperialista, pues era para todos completamente claro, la imposibilidad de enfrentar al enemigo común por separado. 

La Conferencia Tricontinental, celebrada en La Habana a principios de 1966, tuvo ese objetivo principal y para ello contó con la participación de los más importantes dirigentes revolucionarios del Tercer Mundo y 512 delegados de 82 países. Los contemporáneos de aquel encuentro recordamos con emoción y guardamos como un tesoro el mensaje enviado desde otras tierras del mundo, por el comandante Ernesto Che Guevara.

Las FAR, herederas y continuadoras de nuestras tradiciones

Nuestras Fuerzas Armadas Revolucionarias, continuadoras del Ejército del Ejército Rebelde y de las mejores tradiciones patrióticas y revolucionarias del pueblo cubano, han escrito gloriosas páginas internacionalistas en sus 45 años de existencia.

Bajo esos principios ha educado a sus miembros y dada su condición de parte indisoluble del pueblo, ha contribuido notablemente a la formación de esa conciencia solidaria característica de los cubanos, persuadidos de que no existe mejor y más completa educación internacionalista que su ejercicio.

En fecha tan temprana como el 10 de octubre de 1963,  en respuesta a la solicitud del gobierno argelino saldría para ese país la primera parte de lo que se denominó Grupo Especial de Instrucción con un total de 685 efectivos, armamento y transporte para el cumplimiento de sus misiones.

Esa primera misión cumplió sus objetivos pues actuó como fuerza disuasiva, Cuando llevó a los agresores marroquíes a acordar el cese el fuego solo unos días después de iniciada su agresión al territorio de la recién liberada nación.

En el recuento de nuestra práctica internacionalista, y muy especialmente en la creación de una fuerte conciencia solidaria, ocupa un lugar relevante la figura del  Che, quien acompañado por un grupo de combatientes de las FAR y el MININT, partió primero al Congo y más tarde a Bolivia.

En Bolivia, con un grupo de cubanos, peruanos, bolivianos y de otros países latinoamericanos brindó su esfuerzo desinteresado, escribió una épica historia que forma parte del legado internacionalista más hermoso hasta nuestros días, todo un símbolo de la concepción del combatiente y del hombre del futuro.

La República Árabe de Siria, Angola, Etiopía de 1977 a 1989 y la Nicaragua sandinista, víctima de la guerra sucia promovida por los Estados Unidos, constituyen los más importantes momentos de nuestra práctica internacionalista en la que participaron más de cuatrocientos mil combatientes de unidades regulares y de la reserva, quienes cumplieron ejemplarmente complejas misiones combativas en difíciles condiciones de vida y de alto riesgo.

En Angola, por ejemplo, permanecieron nuestras tropas durante casi dieciséis años. El 24 de mayo de 1991, cinco semanas antes de lo acordado salió de ese hermano  país el último combatiente cubano.

En esta misión participaron más de trescientos mil combatientes en activos y de la reserva de la institución armada, además de unos cincuenta mil colaboradores civiles. Cayeron en el cumplimiento del deber 2 077 compañeros.

Cuando sus restos llegaron a Cuba –lo único que nos llevamos de Angola– el odioso régimen del apartheid, que martirizaba a los pueblos de Sudáfrica y Namibia, estaba en sus últimos estertores.

El internacionalismo no se limitó a  la lucha armada

La práctica del internacionalismo no se limitó a la lucha armada, ella ha abarcado, desde los primeros años posteriores al triunfo de la Revolución, numerosas esferas de la vida de los pueblos, como la salud, las artes, el deporte, las ciencias, el desarrollo económico y otras actividades vitales. Semejante colaboración civil ha tenido y tiene en estos momentos tal alcance e importancia que merece, ella sola, un artículo tan extenso como este.

Los trabajadores cubanos de la medicina prestan su ayuda solidaria a pueblos necesitados 

Solo algunos ejemplos son suficientes: en Nicaragua y Angola participaron en la lucha contra el analfabetismo más de dos mil maestros cubanos. Perú, Nicaragua y México, víctimas de desastres naturales contaron con nuestra sangre y la colaboración médica. Más recientemente Haití en el Caribe y varios países en Centroamérica, devastados por el huracán Mitch son escenarios de la actuación de nuestros trabajadores de la Medicina en una virtual batalla por la vida.

Más de treinta mil africanos pobres han cursado estudios en la Isla de la Juventud, miles de especialistas médicos prestan valiosa y desinteresada ayuda en varios países del Tercer Mundo. Desde 1999 funciona en el oeste de la capital la Escuela Latinoamericana de Medicina, en la que se forman cerca de cinco mil especialistas de países de América Latina y el Caribe.

De igual forma funciona la dedicada a preparar entrenadores deportivos en varias ramas, sin preocuparnos que en el futuro irán a fortalecer los equipos de sus  países respectivos, y enfrentarse a los nuestros en competencias internacionales, como ya ha ocurrido.

Después de este apretado recuento cabe una pregunta: ¿Por qué ha cesado en la actualidad nuestra práctica internacionalista en el terreno militar? Mucho han  especulado y mentido nuestros enemigos sobre este tema, pero los cubanos tenemos la autoridad moral necesaria para ofrecer una respuesta clara, precisa y, sobre todo, transparente.  

La solidaridad en el terreno militar correspondió a las condiciones de un momento histórico concreto

La solidaridad en el terreno militar correspondió a las condiciones de un momento histórico concreto cuando las estrategias de lucha contra el dominio imperialista y por la liberación nacional pasaban necesariamente por la lucha armada y se hacía elemental ofrecer hombres, experiencias y recursos.

Actualmente las condiciones, en muchos sentidos, se han modificado. Nuevas formas de lucha más adecuadas y efectivas  en estas circunstancias se imponen.

Desaparecido el campo socialista encabezado por la URSS, que como ya dijimos desempeñó un papel fundamental en la supervivencia y desarrollo de la Revolución cubana, la tarea más importante y prioritaria para los cubanos es defender y preservar la Revolución y sus históricas conquistas.

No hay ninguna exageración si decimos que defender a Cuba en las complejas y difíciles condiciones actuales, constituye una misión internacionalista, si tomamos en cuenta el papel que la Revolución cubana desempeña en la lucha de los pueblos contra el enemigo común.

La batalla de ideas es también internacionalista

Por último, y no por ello menos importante, trataremos sobre la batalla de ideas librada por los cubanos con el objetivo de contribuir a que los pueblos del mundo, manipulados por los medios masivos de "desinformación", se  encuentren en condiciones de descubrir a sus verdaderos enemigos y la naturaleza del régimen de explotación imperialista, en una palabra, globalizar la verdad frente a la mentira.

Cuando Cuba alza su voz en los organismos internacionales, en las cumbres y en otras tribunas, lo hace en interés de los desposeídos de este mundo. Cuando exigimos un nuevo orden internacional, el cese de la explotación, y la opresión y la injusticia no estamos reclamando para sí, lo hacemos en nombre de esos millones que no tienen voz; esto es también una batalla internacionalista.

Nuestra Revolución parte del concepto de que en las condiciones actuales resulta vital la lucha por la solución de los problemas globales que afectan a la humanidad, la exigencia por un desarrollo sostenible, la preservación del medio ambiente, la acción contra el SIDA y otras pandemias, contra el terrorismo y la guerra.

Los cubanos no olvidamos que por expresa voluntad de más del 95 por ciento de la población, incluimos en nuestra Constitución Socialista el internacionalismo como posición de principios de nuestra política exterior, a la que hemos sido absolutamente fieles.

Esa batalla estratégica por las ideas, no hay casualidad, la comanda Fidel, el artífice de esa sólida conciencia internacionalista que con sano y legítimo orgullo podemos exhibir los cubanos y que tan destacado papel debe desempeñar en la lucha de los próximos años contra la globalización neoliberal y por la integración latinoamericana, como vía para enfrentar al imperialismo en todos los planos.

La prédica constante de Fidel, al frente de nuestro Partido, es hoy parte decisiva en los destinos de la humanidad, en la batalla inevitable por globalizar la solidaridad, como único modo de aspirar a un mundo más justo, sin guerras, sin terrorismo, sin desempleo ni analfabetismo ni pandemias asesinas; un mundo gobernable, en breves palabras, un mundo mejor.