Por Roger Ricardo Luis

Cuando los primeros jóvenes cadetes que marcharon a Angola recibían allí en pleno campo de batalla, los grados de oficiales de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, cristalizaba un acontecimiento trascendente en la historia militar de nuestra patria.

 

 

 

Aquel hecho, tal vez inadvertido para aquella aguerrida tropa de choque internacionalista que derrotaba la invasión racista sudafricana a la naciente República Popular de Angola, marcaba la mayoría de 

edad de los centros de enseñanza militar y del sistema de formación y preparación de cuadros de las FAR y ponía de relieve el alcance estratégico de esa dirección de trabajo.  

Aquel hecho adquiría mayor relevancia si se toma en cuenta que, cuando se verificaba la agresión del régimen del apartheid a la RPA, los principales jefes militares cubanos cursaban estudios superiores en la Academia Voroshilov de la entonces Unión Soviética.

La decisión del Comandante en Jefe y del Ministro de las FAR de no interrumpir la preparación de aquellos y enviar a la guerra otro grupo de experimentados jefes con la nueva hornada de oficiales formados enteramente en los CEM, fue un acto de máxima confianza hacia aquel amplio grupo de compatriotas y, muy especialmente, una decisión de extraordinaria significación desde el punto de vista político-militar para la institución armada y para la existencia misma de la Revolución.

Aquella orden de los máximos jefes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias tenía el respaldo y la solidez de una obra que tuvo sus simientes en las tradiciones combativas forjadas por el Ejército Libertador y su continuación histórica, el Ejército Rebelde.

Camilitos, la semilla

Quienes hace 35 años abrieron la primera Escuela Militar Camilo Cienfuegos en las afueras de La Habana para hijos de combatientes del Ejército Rebelde, no imaginaban que sembraban la semilla de un gran árbol de firmes y grandes raíces, tronco robusto, con el verdor del uniforme militar que esparciría sus ramas y sombra bienhechora para todo el país.

Así lo expresan los 15 planteles ubicados en casi todas las provincias del país, con la excepción de Granma que en los próximos meses dispondrá de sendos centros en Bayamo y Manzanillo.

Su acento primordial en nuestros días radica en formar jóvenes con determinadas cualidades e inclinaciones para la profesión militar, bachilleres en ciencias y letras, elevados valores políticos, morales y disciplinarios que, al graduarse, tengan la convicción de formarse como oficiales de las FAR en cualesquiera de los perfiles, niveles y especialidades que se estudian en los centros de enseñanza militar de las FAR.

La cantera para estos planteles se prepara desde temprana edad, en las escuelas primarias, a partir de los círculos de interés y los demás elementos que conforman el sistema de educación patriótica-militar del país. En ello intervienen no solo las FAR, sino también el Ministerio de Educación, la Organización de Pioneros José Martí, la UJC, la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana, la FMC, los CDR en un esfuerzo sistémico y cotidiano que se desarrolla en la base, en la escuela, la comunidad y, desde luego, la participación decisiva de la familia.

Ello permite aplicar un proceso de captación, embrión del engranaje que viabiliza la respuesta a las necesidades de formación de cuadros para las FAR a partir del accesos selectivo de los adolescentes, fundamentalmente, a los hijos de obreros, campesinos y militares, base y garantía de la Revolución.

De los EMCC se han graduado 74 161 jóvenes. En los últimos 25 años ( no se contemplan los diez años iniciales de estas instituciones docentes en que se graduaban de secundaria básica) se ha enviado a los CEM el 75,2 por ciento de los graduados.

Los datos son elocuentes para interpretar la dimensión y el alcance de ese trabajo: El 30 por ciento de los oficiales que hoy prestan servicio en las FAR se inició en los Camilitos. El 50 por ciento de los oficiales que fueron alumnos de estas escuelas ejercen el mando. De los oficiales activos que se formaron inicialmente en esos planteles, 23 por ciento cumplió misiones internacionalista.

De ese total de Camilitos hay un Héroe de la República de Cuba, el teniente coronel Orlando Cardazo Villavicencio, tres generales y 89 coroneles.

Las Escuelas Militares Camilo Cienfuegos gozan de amplio prestigio en la población dada la alta calidad del trabajo docente-educativo, la educación patriótica, política e ideológica y la disciplina.  

La calidad y consagración del claustro de profesores y la formación integral de los educandos es punto de referencia en el sistema de enseñanza del país; ello, avalado por los resultados académicos, la participación destacada en jornadas científicas estudiantiles, concursos a todos los niveles, competencias deportivas, festivales culturales y la presencia masiva, activa y consciente en la actual batalla de ideas junto a sus compañeros de los centros de enseñanza militar.

Universidades militares

Espejo de la obra del país y de las fuerzas armadas en su avance, así pudieran calificarse los centros de enseñanza militar de las FAR; más que un honor merecido, es una responsabilidad cotidiana que cumplen.

El desarrollo de los CEM se ha correspondido con las tareas y misiones que en cada estadio de la Revolución le ha tocado cumplir a las FAR. En estas instituciones ha descansado, en buena medida, el proceso de superación constante de nuestro cuerpo de oficiales.

La memoria nos lleva por aquellos días fundacionales en que nuestros combatientes, por su origen de clase, tenían un bajo nivel escolar en su mayoría. Virtualmente, desde la trinchera, comenzó el proceso de aprendizaje de las letras y números y la asimilación de la moderna técnica militar que comenzaba a llegar desde los entonces países socialista. Del sexto grado, a la enseñanza de nivel medio y de esta a la universitaria, en correspondencia con el avance del país y las complejidades de la moderna técnica de combate.

Hitos de entonces, la escuela de cadetes de Managua; la Interarmas Antonio Maceo, la de artillería Camilo Cienfuegos; la veterana Academia Naval del Mariel; el ITM, la cuarta universidad del país y primera de las FAR.

Objetivo de los CEM: Formar un oficial con sólida preparación técnica-militar que tenga por base una acrisolada cultura política-ideológica. Justo a ello un desarrollo de la ciencia y la técnica, el pensamiento militar creativo y una amplia cosmovisión cultural e histórica.

Esta es una misión que mantiene un perfeccionamiento constante que se expresa en los planes y programas de estudio, pues, de lo contrario, no podría marchar con las exigencias del mundo contemporáneo y su repercusión en Cuba y en las FAR. Por ello, su vínculo permanente y activo con la realidad de la nación y con los centros de enseñanza superior del país.

En la actualidad las FAR disponen de nueve centros de enseñanza militar en los que se imparten más de veintitrés especialidades de mando, técnica, ciencias jurídicas, médicas, entre otras. Cuentan con una matrícula de 8 000 alumnos y de ellos, el 12 por ciento son mujeres. Cuentan con un claustro de unos 2 000 profesores.

Los centros de enseñanza militar de las Fuerzas Armadas Revolucionarias garantizan la formación de oficiales con nivel universitario y medio superior y también la enseñanza posgraduada y la categorización de los grados científicos y docentes de sus claustros, en estrecha colaboración con el Ministerio de Educación Superior. En esta tarea ocupa un lugar emblemático la Academia de las FAR General Máximo Gómez, Orden Antonio Maceo.

Por esta vía las Fuerzas Armadas Revolucionarias cuentan con cientos de doctores en ciencias (10 por ciento de los profesores ya ha alcanzado esa categoría). Su labor se hace sentir en las aulas y los centros de investigación en interés de la defensa.

Para tener una idea del esfuerzo desarrollado en estos planteles puede señalarse que, en la actualidad, más de cincuenta por ciento de los oficiales en ejercicio tienen nivel superior y una cifra superior al treinta por ciento son técnicos de nivel medio.

 Los centros de enseñanza militar se han convertidos en verdaderos laboratorios, en centros de creación con una destacada participación en la actualización, modernización y desarrollo de la técnica, el armamento el pensamiento táctico y operativo y el acondicionamiento del Teatro de Operaciones Militares en correspondencia con las exigencias del combate contemporáneo y nuestra doctrina militar de la Guerra de Todo el Pueblo.

La labor de estas instituciones docentes abarca la contribución sistemática a otras tareas importantes de la Revolución como es el aporte de los cadetes a las faenas agrícolas, como también lo hacen los Camilitos junto a los miembros de las brigadas de la FEEM y la FEU, tanto en los momentos picos de las cosechas de la campaña de invierno, como durante una parte de sus vacaciones. Esta labor tiene un magnífico antecedente en el esfuerzo volcado sobre los cañaverales en décadas pasadas.

Vale destacar el meritorio trabajo de los profesores en la preparación militar de las Milicias de Tropas Territoriales y de las Brigadas de Producción y Defensa cuando estas surgieron como elemento distintivo de la Guerra de Todo el Pueblo.  

A lo largo de estos años, los CEM han hecho otra importante contribución al internacionalismo proletario al formar en sus aulas, laboratorios y polígonos a miles de oficiales de fuerzas armadas amigas y movimientos revolucionarios de países de África, Asia y América Latina.

Entre los méritos que distinguen a los centros de enseñanza militar de las FAR hay uno vital y de importancia estratégica: con ellos la Revolución dispuso de escuelas propias para la preparación de sus cuadros a partir de la experiencia combativa e histórica de nuestro pueblo, el desarrollo de una doctrina militar propia en una interrelación dialéctica con lo mejor del pensamiento militar foráneo en su devenir.

Columna vertebral

De poco valdría la labor de los centros de enseñanza militar de las FAR si al llegar a las unidades los nuevos cuadros de mando y especialistas no contaran con un adecuado mecanismo que le diera continuidad a ese esfuerzo de atención y superación.

Tal como lo definiera el Guerrillero Heroico el cuadro es la espina dorsal de la Revolución, así se considera en la estructura de Fuerzas Armada Revolucionaria.

El principio cardinal del trabajo en los CEM es formar un cuadro para la Revolución. Sus directrices están en la política de Partido al respecto y las del Comandante en Jefe y el Ministro de las FAR. La vida lo ha demostrado. Son decenas de miles los que hoy cumplen tareas políticas, administrativas y de la más diversa índole en la vida civil.

Esta misión se desarrolla bajo un enfoque integral que tiene por centro al hombre, la atención a sus problemas y la superación constante a partir de un plan específico que contempla las etapas de desarrollo.

La clave del éxito radica en que se cumpla este plan en el plano individual, basado en un proceso sistemático de control y evaluación (resultados por medio) que se desarrolla, como regla, desde el mismo momento de su captación para ingresar en las FAR, durante su vida en la institución armada y, a posteriori, cuando va a la vida civil a cumplir otras tareas.

La promoción de los jóvenes en la cadena de mando a partir de sus méritos y cualidades es una resultante de esa política. En la actualidad, por ejemplo, la edad promedio de los jefes de las principales unidades combativas no pasa de los 45 años de edad.

Mirar atrás, evaluar los errores, sacarles enseñanza, optimizar los buenos resultados y sobre todo, andar con la vida, son elementos esenciales en la labor de los cuadros en las FAR, esto fue lo que permitió asumir el gran reto que significó para los cubanos y muy particularmente para las FAR, el período especial y salir fortalecidos sin bajar un ápice, ni un instante la disposición combativa.  

La correcta preparación y selección de los cuadros ha sido un elemento importante en las políticas implementadas en las FAR. Ahí están, por ejemplo, el valor inestimable del Sistema de Perfeccionamiento Empresarial nacido y experimentado con éxito en el seno de la instrucción  armada.

Se expresa también en los esfuerzos para el autofinanciamiento. El apoyo a la producción para la población. La capacitación de los cuadros de mando a todas las instancias hacia el conocimiento de herramientas económicas elementales como la contabilidad y finanzas para hacer una buena administración de los recursos destinados a la defensa.

No hay secreto militar posible en esa dirección principal del trabajo de las Fuerzas Armadas Revolucionarias: La preparación de los cuadros militares es tarea cotidiana que asegurar la marcha victoriosa hacia el futuro.