Cuando en enero de 1980 la administración Reagan accedió a la Casa Blanca, enarbolaba en su plataforma política el Programa de Santa Fe, que entrañaba serias amenazas explícitas de agresión militar contra Cuba. Simultáneamente se manifestaron vacilaciones en la máxima dirección soviética respecto de su conducta en caso de una agresión norteamericana contra nuestra patria.

Al respecto el Comandante en Jefe recordó:

"Llegamos a la convicción hace un número de años, sobre todo desde el momento en que Reagan asumió la presidencia de Estados Unidos, cuando ya eran conocidos sus planes agresivos contra Cuba y nosotros sabíamos que nadie nos iba a ayudar, que si un día los yanquis decretaban el bloqueo aquí, no entraba ni una bala en este país y que nunca se iba a disparar un cohete por nosotros, y llegamos a la convicción de que la defensa de este país dependía de nuestra propia piel y de nuestro propio corazón, que empezamos a desarrollar las ideas de la guerra de todo el pueblo" [1]

Una vez en el poder, el gobierno republicano incrementó las amenazas de agresión militar directa, reforzó el criminal bloqueo económico y agudizó la hostilidad contra nuestro país. En el plano militar ese peligro se manifestó mediante el incremento de la exploración de todo tipo, numerosas maniobras en el área y el perfeccionamiento del Comando del Caribe, actualmente Comando Sur, radicado en Cayo Hueso.

La gravedad y trascendencia de la situación creada fue de tal naturaleza, que obligaron a rediseñar la Defensa Nacional cubana, a partir del nuevo contexto y de las sombrías perspectivas de su desarrollo.

La Guerra de Todo el Pueblo resume la experiencia histórica del pueblo cubano a lo largo de más de cien años de lucha.

“Fue  precisamente  ante una situación de amenazas y de creciente peligro –señaló el Comandante en Jefe Fidel Castro– cuando nos pusimos a pensar, meditar, profundizar (...) llegamos a ideas verdaderamente nuevas y revolucionarias en la concepción de la defensa; fue así como se pasó de la antigua concepción a la idea de que la defensa militar del país, en el terreno del combate y todo lo que asegura y apoya el combate en cualquier variante de agresión: bloqueo, guerra de desgaste, invasión, ocupación parcial o total del territorio, era, junto a las Fuerzas Armadas, tarea de todo el pueblo y, por tanto, todo el pueblo debía estar organizado y preparado para esa lucha (...)”[2]

Se perfiló así la concepción estratégica Guerra de Todo el Pueblo, que resume la experiencia histórica de nuestro pueblo a lo largo de más de 100 años de lucha, como solución de masas a los problemas de la defensa desde tiempo de paz y fundamento de la nueva doctrina militar cubana, en torno a la cual comenzó a ser rediseñada la Defensa Nacional.

El contenido práctico fundamental de esta transformación fue una profunda revisión de la doctrina militar cubana, de los procedimientos para la realización de las acciones combativas y del empleo de las tropas y fuerzas, así como la incorporación y adiestramiento de  todas la fuerzas de la sociedad para el cumplimiento de sus deberes de tiempo de guerra.

En consonancia con ello, el 1 de mayo de 1980, el Partido dio instrucciones a las FAR para la formación de las Milicias de Tropas Territoriales (MTT), como una fuerza más, integrada por hombres y mujeres capaces de combatir y defender cada pedazo del territorio nacional. En breve plazo y como parte de las FAR, fueron creados, organizados y armados un estado mayor de cuerpo de ejército y trece estados mayores divisionarios; 86 regimientos tipo A y 109 tipo B, 58 batallones independientes, 21 compañías ingenieras de puertos y 13 baterías de artillería reactiva GRAD-1P, los que para diciembre de ese año ya se habían completado –sobre los principios de voluntariedad, selectividad y territorialidad– con 521 305 milicianos.

Las Tropas Especiales : unidades capaces de actuar de forma independiente en la retaguardia del enemigo

Cuatro años después, el 26 de julio de 1984, cuando ya se disponía del armamento necesario, se hizo un nuevo llamado, al que en solo tres meses respondió otro medio millón de hombres y mujeres. El 26 de octubre de ese año fue abanderado, en la Plaza de la Revolución, el 193 cuerpo de ejército de las MTT. Para ese momento, el monto de la milicia se elevaba a 1 069 083 efectivos, más un 30 por ciento de reserva.

 

Durante los estudios realizados en 1982 para implementar la participación del resto del pueblo en la defensa, se puso de manifiesto la falta de un eslabón organizativo entre las masas y los municipios. Fue así como, aprovechando las experiencias de Viet Nam y de nuestras prefecturas mambisas, a partir de 1983 se crearon las zonas de defensa, que en diciembre de 1984 alcanzaron la cifra de 1 400 en todo el país. Las zonas de defensa demostraron ser un poderoso instrumento capaz de cohesionar a todos los factores y movilizar a las masas para hacer inexpugnable cualquier territorio de la Isla. La población no encuadrada en las FAR ni el MININT, fue organizada  en Brigadas de Producción y Defensa (BPD). Estas brigadas son la fuerza principal con que cuentan las zonas de defensa para el cumplimiento de sus misiones en situaciones excepcionales, y la fuerza combativa más numerosa del país. Son pequeñas unidades de composición atípica, que se subdividen en grupos, con el fin de participar en la defensa armada, la producción y la prestación de servicios, además de cumplir tareas de defensa civil y orden interior. En sus inicios se crearon más de 50 000 BPD, que agrupaban unos tres millones de ciudadanos.

 

Por otra parte, se preparó a los Organismos de la Administración Central del Estado (OACE), a los órganos locales del Poder Popular y a los estados mayores provinciales y municipales para el cumplimiento de sus tareas de tiempo de guerra. Sobre estos últimos descansó la responsabilidad de organizar y conducir la defensa de cada territorio.

 

Decenas de miles de cuadros del Partido, la Juventud, los OACE, el Poder Popular y las organizaciones sociales y de masas, así como sus órganos de dirección, fueron preparados para el desempeño de sus tareas de tiempo de guerra, mediante cursillos, entrenamientos y ejercicios desarrollados, tanto en la red existente de centros de enseñanza militar de las FAR, como en las escuelas de preparación para la defensa creadas más adelante en cada provincia, por cuyos campos de entrenamiento y aulas han pasado alrededor de 168 000 dirigentes y cuadros. Puntos culminantes en este empeño fueron los ejercicios estratégicos Bastión –forma superior de la preparación del país para la defensa– realizados bajo la dirección del Comandante en Jefe en los años 1980, 1983 y 1986.  En ellos se estudió el contenido de la Defensa Nacional durante el paso del país a la situación de tiempo de guerra, y ante las principales formas de agresión militar que el enemigo puede emplear contra Cuba. El Comandante  en jefe calificó a Bastión 83 como "la tarea principal y de mayor trascendencia en la preparación del país para la defensa que había tenido lugar en Cuba desde el triunfo de la Revolución" .

 

"A partir de ese momento –añadió el Ministro de las FAR– sobre bases cada vez más científicas se perfeccionó nuestra concepción de lucha, la Guerra de Todo el Pueblo. Nunca antes se había profundizado tanto, ni se habían hecho tantos aportes al arte militar cubano".[3]

 

En Bastión 86, llevado a cabo el 7 de diciembre de ese año, Día Nacional de la Defensa, participaron directa o indirectamente cerca de ocho millones de cubanos y como resultado del este se tomó un gran número de medidas que elevaron aún más la capacidad defensiva del país. Se materializaba de este modo el principio de que, en caso de una agresión armada del imperialismo contra el país, cada ciudadano, cada patriota cubano, tendría un lugar, un medio y una forma de participar en la defensa.

 

A lo largo de aquella década, en la medida en que las MTT se organizaban, equipaban y entrenaban, fue posible llevar a cabo importantes reducciones en los efectivos regulares de las FAR y en los gastos de la defensa.

 

Paralelamente, se pasó, de una estrategia de defensa regular, apoyada principalmente en las tropas permanentes y de la reserva, a una de defensa combinada, donde se mezclan convenientemente los métodos de lucha regular e irregular y en la que todo el pueblo tiene una amplia participación, tanto en la realización directa de las acciones combativas, como en su aseguramiento multilateral, que adquirió así un marcado carácter territorial. De este modo fueron organizados el Sistema Único de Exploración de la República de Cuba (SUERC), el Sistema Único de Aseguramiento Logístico Territorial de la Lucha Armada (SALTLA) y, algo más tarde, el Sistema Único Territorial de Defensa Antiaérea (SUTDAA).

 

Estas concepciones de lucha reclamaron la formación de unidades capaces de actuar independientemente en la retaguardia del enemigo y fue así como surgieron las Tropas Especiales y su sistema de preparación. Con ese fin se creó la Escuela Nacional de Preparación Especial así como centros de Preparación Especial en cada uno de los ejércitos, donde han recibido entrenamiento más de 100 000 combatientes que integran tanto las unidades permanentes de tropas especiales como sus reservas y las de Tropas Especiales Populares.

 

Todo ello ha conformado un poderoso Sistema Defensivo Territorial,  definido como un conjunto de medidas y actividades políticas, económicas, militares, política-diplomáticas, jurídicas, de seguridad, orden interior y defensa civil, y los órganos estatales, así como las entidades económicas, las instituciones sociales y los ciudadanos que las organizan y realizan desde tiempo de paz en los diferentes niveles de la división política-administrativa, con el objetivo de garantizar la defensa del país.  Este sistema, vertebrado desde la nación hasta la zona de defensa y dirigido por consejos de defensa creados en cada nivel, asegura una respuesta eficiente y masiva a cualquier forma de agresión militar del enemigo, la lucha contra la subversión y el hostigamiento y el enfrentamiento a catástrofes, en cualquier rincón del archipiélago.

 

El perfeccionamiento de la dirección de la defensa, en su nueva dimensión,  y del mando de las tropas de las diferentes categorías, fueron objeto de investigación a partir del ejercicio estratégico Bastión 80 y, desde1982, se designaron los Adjuntos Militares Principales a los Presidentes de las Asambleas Provinciales del Poder Popular, con el propósito de que atendiesen a los estados mayores de las milicias y de la Defensa Civil, las Direcciones Uno de sus Comités Ejecutivos Provinciales del Poder Popular y otras actividades relacionadas con la defensa.

 

Posteriormente se vio la conveniencia de unificar estos órganos bajo una misma dirección, lo que dio lugar, en junio de 1985, a la aparición de los estados mayores provinciales y municipales, a quienes se subordinaron también los Comités Militares.

 

Periódicamente el MINFAR ha venido comprobando el grado de cumplimiento de ese conjunto de medidas y actividades en cada territorio antes de otorgarle la condición de Listo para la Defensa en su primera o segunda etapas. Este movimiento comenzó en enero de 1985, cuando cuatro zonas de defensa de Pinar del Río recibieron los certificados de Listos para la Defensa y culminó, en su primera etapa, en diciembre de 1988, cuando Ciudad de La Habana fue declarada Lista para la Defensa. El primero de los Organismos de la Administración Central del Estado en alcanzar esa condición resultó ser el MINBAS, en febrero de 1987, seguido por los restantes, hasta 1989.

En el año 1991 concluyeron los controles a los tres territorios de los ejércitos, lo que puso fin a esta etapa de preparación para la defensa, con la declaración de que el país había alcanzado esa condición.  

El desmoronamiento del campo socialista de Europa oriental y el desplome de la URSS, unidos al incremento de la guerra económica por parte de EE.UU., agravaron aún más la situación y abrieron campo al Período Especial de tiempo de paz, lo que demandó nuevos recortes sustanciales en los efectivos permanentes de las FAR, sin afectar sensiblemente la capacidad defensiva del país, lo que pudo hacerse gracias al papel cada vez mayor asignado a las MTT en la lucha armada.   

La concepción estratégica Guerra de Todo el Pueblo continuó siendo la piedra angular sobre la que se configuró la Política Militar del Partido, la Doctrina Militar del Estado y el resto de los postulados estratégicos acerca de la preparación y conducción de la Defensa Nacional y, consecuentemente, la Construcción Militar del Estado, todo ello, con la urgencia que demandaban las circunstancias.

Prueba de ello es que aún cuando en aquella situación el IV Congreso del Partido modificó gran parte del contenido y los objetivos de su Programa, ratificó:

"la validez y actualidad de la doctrina de la Guerra de Todo el Pueblo enunciada en el Programa, cuyos postulados se han verificado y enriquecido con la práctica de estos años. El Congreso aprecia, en el incuestionable fortalecimiento de la capacidad defensiva del país, que la línea trazada es no solo auténtica por sus raíces mambisas y rebeldes, sino también la única idónea frente a las realidades impuestas por la geografía y la coyuntura internacional".[4]

El objetivo de esta reforma cardinal de la Defensa Nacional asumió perfiles más realistas y ajustados a nuestras posibilidades: disuadir de intentar una aventura militar contra Cuba, a un enemigo que emergía como única superpotencia mundial y, en caso de no conseguirlo, causarle tales pérdidas, principalmente en su fuerza viva, que lo obligaran a desistir de su empeño; todo ello, dentro de los límites económicos y tecnológicos impuestos por el doble bloqueo a que comenzábamos a  vernos sometidos.

La doctrina militar responde a las exigencias del combate contemporáneo, al probable carácter de las acciones del enemigo, y a las características del teatro de operaciones militares. Y a ellos se ajusta la estructura orgánica de las FAR y la concepción de todo nuestro sistema defensivo.

Como parte de ese ajuste estructural de las tropas regulares y con el fin de dotar a los ejércitos de la mayor autonomía, se les subordinó la mayor parte de las unidades de la Defensa Antiaérea y la Marina de Guerra Revolucionaria,  así como fueron creadas las Regiones y Sectores Militares, que responden por la defensa de provincias y municipios respectivamente.

Aspecto de suma importancia en la preparación de la Defensa Nacional es el acondicionamiento operativo del territorio nacional como Teatro de Operaciones militares, lo que ha implicado la construcción de miles de obras ingenieras, tanto para la realización del combate como para la protección de las tropas, el armamento, la población civil, la economía y las reservas de medios materiales. Como parte de este acondicionamiento se han creado condiciones en los macizos montañosos, las ciénagas, los cayos y otros lugares de difícil acceso, que garanticen continuar la guerra en el hipotético caso de que el enemigo, valido de su superioridad tecnológica, logre ocupar total o parcialmente el país, en lo que sería el segundo período de la guerra. En esos trabajos han participado unidades regulares de las FAR, formaciones especiales ingenieras y el pueblo de cada localidad.

Las formaciones especiales: ingenieras, de comunicaciones, navales, de aviación, químicas, de transporte y otras, son una forma de organización militar peculiar, que permiten aprovechar la dirección, estructura, composición y equipamiento de determinadas empresas, para convertirlas en muy breve plazo en unidades de cada uno de esos aseguramientos. 

Los últimos años del Siglo XX fueron testigos de la Guerra del Golfo y de la criminal agresión de una coalición encabezada por los EE.UU. contra Yugoslavia. En ambos casos, el empleo del poderío aéreo y del armamento de alta tecnología, durante un tiempo prolongado, condujeron a los agresores a victorias baratas en términos de vidas de sus soldados, lo que eleva las probabilidades de que, en caso de una guerra contra nosotros, empleen procedimientos análogos.

Para esa eventualidad nos preparamos también y también para ella la unidad de todo el pueblo armado en torno al Partido y al comandante en Jefe, entrenado y decidido a defender su Revolución, la Guerra de Todo el Pueblo, sigue siendo la mejor solución a nuestro alcance.

Debemos tener presente que para nosotros, evitar la guerra equivale a ganarla, pero para ganarla de ese modo, el Estado y el pueblo cubanos tendrán que seguir destinando cuantiosos esfuerzos y recursos al fortalecimiento de la capacidad defensiva del país.

"Mientras exista el imperialismo, –afirmó el Comandante en Jefe–el Partido, el Estado y el pueblo les prestarán a los servicios de la defensa la máxima atención. La guardia revolucionaria no se descuidará jamás. La historia enseña con demasiada elocuencia que quienes olvidan este principio no sobreviven al error".

 

[1] Castro, Fidel. La guerra económica de todo el pueblo. Ed Política. Ciudad de La Habana, 1985 pp 41-42

[2] Castro, Fidel. Sobre temas militares. La Habana, 1990, p 100-101.

[3] Castro, Raúl. Selección de discursos y artículos. La Habana, 1988, T II, p 279.

[4] IV Congreso del Partido Comunista de Cuba. Discursos y documentos. La Habana, 1992, p 130.